Entre la Alegría y la Esperanza

Por Abdu Murray*

 

A nuestra familia le encanta ver La Navidad de Charlie Brown, especial animado de 1965. Es extraño que algo aparentemente tan frívolo como una caricatura, pueda sondear las profundidades de la Navidad. En el especial, Charlie Brown se siente frustrado porque sus amigos organizan un espectáculo navideño que perpetúa el consumismo moderno que ha absorbido esta fecha. Cuando finalmente grita por alguien que pueda brindarle el verdadero significado a la Navidad, el diminuto Linus sube al escenario. En su tranquila y suave voz, Linus cita la historia del nacimiento de Jesús de Lucas 2: 8–14.

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: ‘No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre’. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la Tierra paz, buena voluntad para con los hombres!’” (Reina Valera 1960).

Luego Linus se acerca a su atribulado amigo y le dice: “De esto se trata la Navidad, Charlie Brown”. Sorprendentemente, este especial todavía se transmite en la televisión de señal abierta, una rara y pasajera expresión de Cristo en los principales medios de comunicación, en Navidad.

¿Por qué traer a colación una caricatura para niños como la de Charlie Brown? Porque es, me atrevo a decir, una obra de arte profunda: dibujada de modo encantador, escrita de maravillas y con una poderosa sutileza. Hay sugerencias artísticas en esa escena que me hacen apreciarla aún más. En su artículo “Solo deja caer la manta”, Jason Soroski señala que mientras Linus pronuncia las palabras “no temas” de Lucas 2, deja caer su manta de seguridad [1]. Linus nunca está sin su fiel manta azul, aferrándose a ella para sentirse seguro y a salvo. Y, sin embargo, mientras narra la historia del nacimiento de Jesús y el coraje que inspira, deja a un lado su manta y no necesita nada más que la historia de Navidad para darle esperanza de seguridad.

charlie brown

Los críticos del teísmo en general, y del cristianismo en particular, han comparado la creencia en Dios con la creencia en Santa Claus o el hada de los dientes. No es más que una historia encantadora para aquellos con convicciones infantiles, señalan. Cuando nos hacemos mayores, dice el crítico, debemos abandonar nuestra fe infantil en Dios igual que abandonamos nuestra fe infantil en Santa Claus. Puede habernos inspirado por un tiempo, pero ese ciclo ha terminado.

Qué apreciación más superficial, si me permiten decirlo. La narrativa del Evangelio inspira a un nivel mucho más profundo. ¿Puede un mero mito infantil ser tan perdurable como el Evangelio, no solo a través de los siglos, sino en las décadas de nuestra propia vida desde la niñez hasta la tumba? Rowan Williams, el exarzobispo de Canterbury, lo expresó muy bien cuando expuso la comparación superficial de la creencia en Dios y la creencia en las historias de los niños:

“Una de las cosas que más se necesita decir a los cultos despreciadores de la religión actual, es que el lenguaje clásico de la fe está repleto de recursos para imaginar y comprender la experiencia humana a profundidad.

Como he dicho en otras ocasiones, cuando las personas comparan la creencia cristiana con la creencia en el hada de los dientes o Santa Claus, me pregunto: ¿dónde están las Comedias Divinas o Las Pasiones de Mateo o los Cuatro Cuartetos inspirados por el hada de los dientes?”[2].

Las historias infantiles pueden llevar a emociones infantiles pasajeras o a una maravilla temporal, e incluso hasta pueden inspirar arte en latas de gaseosa. Pero simplemente no tienen el poder de inspirar obras de arte duraderas que perpetúen nuestra emoción y asombro. Las pinturas de los grandes maestros, la música como el Mesías de Handel, e incluso las sutiles representaciones en dibujos animados para niños, provienen de un mensaje mucho más profundo que las trampas secularizadas de la moderna temporada navideña.

El regalo de la paz

En Lucas 2, cuando las huestes angélicas anunciaron “paz en la Tierra” a los asustados pastores esa noche, anunciaron también el nacimiento de la alegría y la esperanza. La palabra hebrea para paz es shalom, la palabra árabe es salaam, y la palabra aramea es similar a ambas (Jesús hablaba hebreo y arameo). Shalom y salaam connotan un estado de plenitud: estar llenos, en descanso y reconciliados [3]. Tanto el hebreo como el árabe son idiomas semíticos, por lo que no sorprende que shalom y salaam suenen igual y compartan una definición común. Lo sorprendente es que la palabra griega para paz, sin ser semítica –eirene– comparte la misma definición que shalom y salaam. Eirene significa más que solo ausencia de conflicto; es también un estado: estar “establecido en” y poseer reconciliación en las relaciones [4]. Lucas usó eirene para comunicar el anuncio celestial del nacimiento de Jesús y el apóstol Juan usó eirene para comunicar la paz que Jesús ofreció a sus discípulos. El ángel anunciaba el advenimiento de Aquel a través del cual se lograría la reconciliación. Y Jesús ofreció a sus discípulos el tipo de paz que se manifiesta al ser “establecidos en Aquel” nuevamente con Dios. Tal vez podríamos perder la profundidad aquí fácilmente, así como perdimos el hecho de que Linus dejó caer su manta de seguridad cuando dijo “no temas”. Las palabras para paz en hebreo, árabe y griego –lenguajes de tres culturas históricamente dispares– significan reconciliación. Dios es, en efecto, un poeta en cualquier idioma… a veces en todos los idiomas al mismo tiempo.

El nacimiento de la esperanza de la reconciliación en Navidad hace más que inspirar el arte y el lenguaje. Inspira acción. En el invierno de 1914, la Primera Guerra Mundial tenía solo cinco meses y ya habían sido heridos o asesinados cerca de ochocientos mil hombres. En el frente occidental de Francia, soldados británicos y alemanes habían estado luchando ferozmente. En la víspera de Navidad ese año, se prepararon para otro día de bombas y sangre. Pero ese día sería diferente a todos los demás.

Los soldados británicos en las trincheras levantaron letreros que decían “Feliz Navidad” y cantaron villancicos. Pronto, escucharon villancicos provenientes de las trincheras alemanas. La mañana de Navidad, ambos lados se levantaron de sus trincheras y se encontraron en el medio de “La Tierra de Nadie”. Cantaron canciones y conversaron juntos. Intercambiaron dulces y cigarros. Y en un espacio jugaron fútbol. A lo largo del frente, la tregua espontánea continuó hasta el día siguiente, sin que ninguno de los lados estuviera dispuesto a disparar el primer tiro. La tregua terminó cuando llegaron nuevas tropas [5]. Los enemigos, quienes solo unos días antes habían participado en un feroz combate, habían actuado como si fueran hermanos. Si esto fue posible aquella vez –entre las horrendas trincheras de la Primera Guerra Mundial–, es posible de nuevo.

¿Puedo sugerir algo muy audaz? Nada más podría haber inspirado la tregua de Navidad. Ningún eslogan secular alentando a los soldados a dejar de preocuparse y disfrutar de sus vidas podría haber unido esta brecha de “La Tierra de Nadie”. Ningún discurso presidencial y ninguna llamada a la unidad de la Nueva Era podría haber convertido esta tierra de nadie en un patio de recreo lleno de alegría. Solo la historia del nacimiento de la esperanza podría hacer eso, aunque solo sea por un momento.

Tal vez por eso la Navidad hace algo más que interrumpir la tristeza del invierno con una copa de alegría. Para estar seguros, celebramos los cumpleaños de otras personas que han hecho grandes cosas para la humanidad. Abraham Lincoln y Martin Luther King, Jr. vienen a la mente, por supuesto. Y mientras observamos esos nacimientos importantes, no les dedicamos una temporada completa como lo hacemos con Jesús. Si el nacimiento de Jesús fue solo el nacimiento de otra figura histórica importante, podríamos disfrutar de un fin de semana de tres días y reflexionar sobre su ejemplo, pero eso sería todo. ¿Por qué es Navidad mucho más que eso?

Porque el nacimiento de Jesús es, de hecho, el nacimiento de la esperanza, que florece en Semana Santa. Hay un vistazo de la interacción entre Navidad y Semana Santa en la canción “Santa la noche”:

Santa la noche, hermosas las estrellas,

la noche que nuestro Salvador nació.

El mundo en error y pecado vivía

hasta que Dios nos envió al Salvador.

Una esperanza todo el mundo siente,

la luz de un nuevo día al fin brilló.

Jesús no vino al mundo para darnos solo buenas palabras y ejemplos profundos de vida moral. Él llegó específicamente a proporcionar un rescate para cada corazón humano, a rescatarnos del pecado y la muerte espiritual mediante el pago de la multa que no podíamos saldar por nuestra cuenta. En las propias palabras de Jesús, él vino al mundo como Dios encarnado para ofrecerse a sí mismo como un rescate para que podamos ser salvos (Marcos 10:45). Y debido al pago y la resurrección de Jesús, nuestras almas pueden sentir su valor. La Navidad no es solo el nacimiento de alguien cuyo ejemplo ayudó a la humanidad. Es el nacimiento de Aquel que salva a la humanidad de sí misma. En una paradoja del tiempo, la esperanza de la Pascua da lugar a la alegría de la Navidad.

Para nuestro bien

Desde arte inspirador hasta paz inspiradora, llegamos a la habilidad de Navidad para inspirar nuestras vidas individuales. La Navidad es la historia del “Verbo hecho carne”, Dios habitando entre nosotros, lleno de gracia y de verdad. Esa verdad puede penetrarnos individualmente de maneras sorprendentes y milagrosas. Un nuevo amigo me contó recientemente cómo la Palabra de Dios ha funcionado como un milagro poético en la vida de su padre. Hace años, su padre estaba viviendo una vida miserable. Abusivo, alcohólico, y en general desagradable, de alguna manera entregó su vida a Cristo. Eso transformó todo para él en un instante, lo que lo llevó a dedicar su vida al ministerio. Pero ahora, en sus últimos años, ha sufrido la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, tiene períodos de lucidez total. Y en esos momentos, dirige un estudio bíblico en las instalaciones del centro de atención a la memoria en que vive ahora. Incluso el personal del centro asiste a sus reuniones. Qué hermoso es que la Palabra de Dios abre la capacidad de este anciano predicador de ser elocuente acerca de Dios el Verbo hecho carne. Se me viene a la mente la cita de San Agustín sobre la naturaleza milagrosa e inspiradora de la encarnación de Dios en Cristo:

“Tanto nos amó que por nosotros
fue hecho en el tiempo Aquel por quien fueron hechos los tiempos,
tanto nos amó que se hizo hombre el que hizo al hombre,
le hizo una madre a la que él hizo,
le llevaron unas manos que él formó,
lloró en el pesebre la infancia muda,
la Palabra sin la que es muda la elocuencia humana”[6].

Nuestra elocuencia humana, ya sea a través de palabras, pinturas o acciones, es muda sin la Palabra divina. El padre de mi amigo no tendría elocuencia sin la Palabra de Dios para alimentar su mente acerca de Dios, el Verbo hecho carne.

Pero un mundo fatigado, en el pecado y el error, todavía existe a pesar de la alegría de la Navidad que anticipa la esperanza de la Pascua. Mientras escribo, el juicio de Dylann Roof, el hombre que asesinó a nueve afroamericanos en la iglesia episcopal metodista africana Emanuel, en Carolina del Sur, acaba de ponerse en marcha. Roof trajo violencia impulsada por el odio a una iglesia llamada Emanuel, que significa “Dios con nosotros”. Era un lugar donde su corazón revuelto podría encontrar la paz. Los fieles de la iglesia no pensaron en el origen étnico de Roof cuando lo recibieron, y compartieron la palabra de Dios y el mensaje de salvación con él durante 45 minutos. Aunque no hicieron nada para invitar o incitar a la violencia cometida por Roof, esos cristianos hicieron lo que los cristianos fieles han hecho a través de los siglos. Invitaron a un extraño a conocer la alegría y la esperanza de Cristo. Pero Dylann Roof no tendría nada de eso. Dio rienda suelta a su odio y dejó vidas destrozadas a su paso. Aquellos que sobrevivieron a ese asalto ahora atraviesan la temporada navideña en una sala del tribunal, reviviendo los peores días de sus vidas. Para ellos, no habrá santas noches este diciembre.

El mundo no se hizo perfecto de repente hace 2000 años, y ciertamente no es perfecto ahora. De hecho, la Biblia no pinta un cuadro tan superficial para nosotros, incluso cuando relata el nacimiento de Jesús. Su advenimiento está rodeado de dolor. El egoísta y odioso rey Herodes quería que el Mesías fuera exterminado para que él pueda seguir siendo rey. Y entonces ordenó la muerte de niños que encajaban en el perfil del Mesías en Belén. Para los padres de esos niños, las noches antes del nacimiento de Jesús fueron todo, menos santas. Pero ya sea en Charleston, Carolina del Sur, Belén, en tu sala o en la mía, Dios nos ofrece esperanza anticipada a través de la alegría del nacimiento de su Hijo. A veces los dibujos animados para niños pueden sorprendernos. A veces milagros en el campo de batalla hacen que estalle la paz. Y a veces la predicación elocuente recorre los pasillos de los asilos. Pero todo eso, el dolor y la alegría, la belleza y la fealdad, no son más que ecos que emergen de un pesebre donde un bebé que no habla carga en sí mismo el mensaje de que Dios amó tanto al mundo. Todas nuestras expresiones humanas de alegría, esperanza y paz son notas al pie del mensaje encarnado del niño Jesús.

Que seas inspirado, en medio de lo profano, de la violencia, la incertidumbre y demás, a tener alegría a causa de la esperanza que Jesús ofrece.

*Abdu Murray es el director para Norteamérica de Ravi Zacharias International Ministries (RZIM) y vive en Detroit con su esposa y sus tres hijos.

Traductor Voluntario: Christian Morales

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[1] Jason Soroski, “Just Drop the Blanket: The Moment You Never Noticed in A Charlie Brown Christmas” en http://www.crosswalk.com/special-coverage/christmas-and-advent/just-drop-the-blanket-the-moment-you-never-noticed-in-a-charlie-brown-christmas.html.

[2] John F. Deane, “A Conversation with Rowan Williams,” Image Magazine, Issue 80. https://imagejournal.org/article/conversation-rowan-williams/.

[3] James Strong, The Strongest Strong’s Exhaustive Concordance of the Bible, revisada y corregida por John R. Kohlenberger y James A. Swanson (Grand Rapids, MI.: Zondervan, 2001).

[4] Ibid.

[5] See Stanley Weintraub, Silent Night: The Story of the World War I Christmas Truce (New York: The Free Press, 2001).

[6] Agustín, Sermon 188, 2.

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