¿Existe evidencia de la resurrección de Jesús?

Por Pedro Gismondi*

Recuerdo las celebraciones por la Semana Santa cuando niño. Era un feriado de reflexión, en que la mayoría de personas acudían a las iglesias. Solamente unas pocas personas salían de viaje. La mayoría de tiendas y centros comerciales estaban cerrados y las estaciones de radio tocaban música clásica. Solamente una radio rockera se atrevía a poner otra clase de música –la ópera rock Jesucristo Superstar–, que repetían una y otra vez.

¡Cuánto ha cambiado nuestra sociedad! Hoy la mayoría planifica salir de viaje, tomar unas pequeñas vacaciones. “¡Hay que aprovechar el feriado largo!”, se dice. Los jóvenes van de campamento a la playa para celebrar no precisamente la resurrección de nuestro Señor.

La mayoría de tiendas y negocios atienden al público, con promociones especiales. Las estaciones de radio tocan todo tipo de música. La reflexión queda para un pequeño grupo de personas religiosas.

Me parece algo generalizado en Latinoamérica. Nos hemos secularizado, la religión ha perdido influencia. Es parte de un cambio de mente, sobre todo en los más jóvenes. La influencia del naturalismo y el materialismo, tan comunes en las universidades, se refleja en la actitud de las personas hacia lo sobrenatural. Hay un rechazo mayoritario; en algunos casos se les considera “leyendas religiosas”. No es posible –se dice– que una persona inteligente y educada crea que Jesús es Dios, que se hizo humano, que murió y resucitó.

Sin embargo, negar estas tres afirmaciones es rechazar el mensaje central del cristianismo. Estas declaraciones fueron proclamadas por los primeros discípulos de Jesús y constituyen el mensaje del Evangelio: Jesús es Dios, tomó forma humana, murió, pero resucitó, confirmando así su divinidad y su mensaje de salvación para los seres humanos.

Muchas personas se sorprenden cuando se les dice que hay evidencias de la resurrección de Jesús. La idea de que la resurrección es una leyenda o una invención de la iglesia se ha vuelto común. Pero el cristianismo tiene el apoyo de la historia y la arqueología, a diferencia de otros sistemas religiosos. Como dice el Dr. Andy Bannister: “El cristianismo descansa, se sustenta en la historia”.

El libro titulado El caso de la resurrección de Jesús, escrito por dos expertos en el tema, Gary Habermas (PhD) y Michael Licona (PhD), presenta la evidencia de la resurrección de manera científica, clara y convincente. Según explican, se puede demostrar que la resurrección fue un hecho histórico y que además de los evangelios, se cuenta con el testimonio de historiadores no cristianos como Josefo, Tácito y otros. Es más: llegan a decir que, aunque una persona no crea en los evangelios como revelación divina, sí los podemos considerar como escritos antiguos válidos que dan fe de lo acontecido en el Jerusalén del siglo I.

Los autores presentan cuatro hechos que son aceptados por todos los académicos especialistas en historia antigua, y un hecho que es aceptado por el 75 por ciento de los mismos. Estos son: la crucifixión de Jesús, la afirmación de los discípulos que vieron a Jesús resucitado, la conversión de Saulo de Tarso, perseguidor de los cristianos y la conversión del hermano escéptico, Jacobo. El quinto hecho es la tumba vacía.

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 La crucifixión

La crucifixión de Jesús es un hecho histórico, mencionado por historiadores tanto romanos como judíos (Josefo, Tácito, Luciano y Mara Bar–Serapion), quienes refieren a un nazareno llamado Yeshua condenado a muerte en la cruz durante el gobierno de Pilatos.

La crucifixión era la condena para los peores criminales, la más cruel, tanto así que los mismos ciudadanos romanos no la mencionaban. El reo moría por asfixia. Al estar suspendido por los brazos, el peso del cuerpo no le permitía respirar; por eso necesitaba apoyarse en sus talones y así levantarse lo necesario para poder tomar algo de aire. Para acelerar la muerte, los soldados solían romper las piernas de los crucificados; sin punto de apoyo, la muerte llegaba más rápido. En el caso de Jesús, al verlo ya muerto, se aseguraron clavándole una lanza que le atravesó el costado, hasta llegar al corazón.

Los soldados romanos eran expertos en ejecutar a sus prisioneros. No hay duda alguna que Jesús estaba muerto al ser bajado de la cruz.

La afirmación de todos los discípulos de haber visto a Jesús resucitado

Ellos afirmaron haber visto a Jesús con vida, después de la ejecución. Que se les apareció e incluso comió con ellos. Esto lo registran los cuatro evangelios. Y no fueron solo sus palabras, sino el cambio de actitud que se dio en ellos. De ser un grupo de hombres asustados, temerosos de ser arrestados y ejecutados, de pronto se transformaron en valientes predicadores, que salieron por las calles a anunciar que Jesús era el Mesías –el Salvador– y que había resucitado de entre los muertos.

La mayoría de historiadores no cristianos mencionan este hecho y afirman que definitivamente algo pasó, que incluso les hizo estar dispuestos a ir a la muerte, como de hecho sucedió.

Quienes también registraron las afirmaciones de los primeros discípulos de haber visto a Jesús resucitado fueron los llamados “padres de la iglesia”, discípulos de los primeros discípulos. En particular destacan los relatos de Clemente de Roma, por parte de Pedro, y los de Policarpo de Esmirna, instalado como obispo de esa ciudad por el apóstol Juan (según Tertuliano).

La conversión de Saulo de Tarso

Saulo de Tarso era lo que llamaríamos hoy “el archienemigo” de los primeros cristianos. Los odiaba profundamente y había dedicado su vida a perseguirlos y encarcelarlos. Sin embargo, Saulo tuvo un encuentro que cambió su vida: camino a Damasco, se le apareció el propio Jesús resucitado. Desde ese momento, cambio su nombre a Pablo, y pasó de perseguidor a promotor del cristianismo.

Este es un caso muy especial, pues hablamos de que un enemigo afirmó ver a Jesús resucitado. Él mismo da testimonio de lo acontecido en las cartas que escribió a los corintios, gálatas y filipenses. También podemos leerlo en los Hechos de los Apóstoles, escrito por Lucas, quien registra a detalle lo que pasó en el camino a Damasco.

La conversión del hermano escéptico

Jacobo era uno de los hermanos de Jesús (Mateo 13:55), y como narran los evangelios, ellos no creían en la divinidad de su hermano mayor (Marcos 3:21,31; 6:3-4; Juan 7:5). Pero algo pasó con Jacobo, pues luego se une a los discípulos y llega a ser uno de los líderes de la iglesia de Jerusalén, como podemos ver en Hechos 15:12–21. ¿Qué le hizo cambiar de opinión? Su encuentro con Jesús resucitado, como se afirma en 1 Corintios 15:7. Tal fue su convicción que lo llevó a sufrir martirio, según registraron Clemente, Hegesipo y Josefo.

La tumba vacía

Se encontró la tumba vacía, el cuerpo de Jesús había desaparecido. Si esto fuera mentira, habría sido fácil de probarlo. La ejecución fue un acto público, todo Jerusalén se enteró de la crucifixión, solamente había que ver el estado de la tumba. Pero no solo eso, los mismos enemigos de Jesús, quienes lo condenaron, reconocieron que no estaba el cuerpo al afirmar que sus discípulos lo habían robado (ver Mateo 28:12-13).

Un detalle más: el testimonio de las mujeres que descubrieron la tumba vacía. El hecho de que los evangelios nos digan que fueron mujeres quienes encontraron la tumba vacía muestra que no fue una historia inventada. En aquel tiempo, el testimonio de las mujeres no era considerado fidedigno, no eran aceptadas como testigos en un juicio. Por lo tanto, si se hubiera querido inventar la historia de la resurrección, lo mejor hubiera sido poner como testigos a varones.

Estos cinco puntos son evidencias históricas que demuestran la resurrección de Jesús. Y esto es muy importante para la fe cristiana por varias razones. En primer lugar, porque si Jesús resucitó, esto confirma su divinidad, que era ciertamente el Hijo de Dios. En segundo lugar, que su mensaje era verdadero, que sus enseñanzas se cumplirán sin faltar una. Si no hubiera resucitado, sería un mentiroso, un falso profeta. En tercer lugar, es garantía de que nosotros, quienes creemos en Él, también resucitaremos y tendremos un cuerpo como el suyo.

Esta es nuestra esperanza, que estaremos para siempre con El, pues dijo: “Yo voy a preparar un lugar (…) para que estén siempre conmigo” (Juan 14:2–3). Por eso, celebramos Semana Santa, recordamos en estas fechas que Jesús murió por nuestros pecados, que la tumba está vacía pues nuestro Salvador resucitó, ascendió a los cielos y pronto volverá.

*Pedro Gismondi es el Director Ejecutivo de RZIM LATAM

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