La Primera Pregunta del Apologista

Por Ravi Zacharias

 

No me cabe la menor duda que el obstáculo más grande al impacto del evangelio no ha sido su falta de habilidad para dar respuestas, sino que los cristianos no vivan de acuerdo al mismo. Recuerdo hablarle a un amigo hindú en los primeros días de mi fe cristiana. Él cuestionaba lo sobrenatural de mi experiencia de conversión. Él absolutamente insistía que la conversión no era más que una decisión para vivir una vida más ética y eso, en la mayoría de los casos, no era de ninguna manera diferente de otras religiones éticas. Yo ya había escuchado este argumento antes.

Pero luego dijo algo que nunca he olvidado: ‘‘si esta conversión es verdaderamente sobrenatural, ¿por qué no es más evidente en las vidas de tantos cristianos que conozco?” La suya es una pregunta un tanto molesta. De hecho, es tan profundamente perturbadora, que creería que, de todos los desafíos a la creencia, ésta es la pregunta más difícil de todas. Nunca he luchado con mi propia fe personal con relación a los desafíos intelectuales del evangelio. Pero, a menudo he tenido luchas del alma al tratar de comprender por qué la fe cristiana no es más visible.

Después de dar una conferencia en una universidad importante de los Estados Unidos, el organizador del evento me llevó al aeropuerto. Me sentí sacudido por algo que me dijo. Él dijo, “Mi esposa invitó a nuestra vecina anoche. Ella es médico y no había estado en un evento como éste antes. En el camino de regreso a casa, mi esposa le preguntó qué pensaba de todo el evento.” Hizo una pausa y continuó, – “¿Sabes qué dijo? (A regañadientes respondí moviendo la cabeza de lado a lado) -Dijo: ésa fue una velada muy poderosa. Los argumentos fueron bastante persuasivos. Me pregunto cómo es el expositor en su vida privada”.

Foto de Charles Deluvio en Unplash

Debido a que mi amigo hindú no había presenciado la transformación espiritual en la vida de los cristianos, cualquier respuesta que recibiría no tendría sentido. En el caso de la doctora, las respuestas eran intelectual y existencialmente satisfactorias, pero ella todavía necesitaba saber, ¿tenían verdaderamente sentido en la vida de la persona que las proclamaba? El evangelista irlandés Gypsy Smith una vez dijo, “Hay cinco evangelios, Mateo, Marcos, Lucas, Juan, y el del cristiano, y alguna gente nunca lee los primeros cuatro”. En otras palabras, el mensaje es visto antes de ser escuchado. Tanto para el interrogador hindú como para la doctora americana, las respuestas a sus preguntas no eran suficientes, dependían de la transformación visible de quien las ofrecía.

1 Pedro 3:15 ofrece la declaración que nos define: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Nota que antes que, la respuesta sea dada, quien está dando la respuesta es llamado a un claro prerrequisito. El señorío de Dios sobre la vida del apologista es la base de todas las respuestas dadas. Pedro, de todos los discípulos, sabía bien cómo hacer preguntas y también cuán voluble es el corazón humano. Él sabía el poder seductivo de la fascinación monetaria. Sabía lo que era traicionar y fallarle a alguien. Él sabía cómo era tratar de explicar el Evangelio – como lo hizo en el Pentecostés. El fuerte recordatorio que hace Pedro del corazón del apologista es la base de todos los esfuerzos apologistas.

Con el carácter en mente, siguen dos imperativas inmediatas: la calidad de vida vivida y la claridad de las respuestas dadas. La manera en que la vida cristiana se vive determinará el impacto sobre los creyentes y los escépticos. Ésta es una línea definitoria porque la declaración del creyente es única. La declaración es aquella referente a un “nuevo nacimiento” en Cristo. Después de todo, ni el budista o hindú, o musulmán declara que su vida de devoción es sobrenatural, aun así, ellos a menudo viven una vida más consistente. ¿Y qué tan a menudo el llamado cristiano, incluso al enseñar algunas de las verdades más elevadas que alguien podría enseñar, vive una vida despojada de esa belleza y carácter? En apologética, la pregunta a menudo es hecha, “Si hay sólo un camino, ¿cómo es posible que hay pocos en toda la creación que califican?” Esa pregunta es de hecho más potente de lo que el interrogador se da cuenta. La siguiente pregunta debería ser “¿De los que de hecho califican, porqué hay aún menos viviendo de acuerdo al camino?”

Cuando Jesús le habló a la mujer en el pozo (Juan 4: 1-26) ella elevó una pregunta tras otra como si su problema verdaderamente fuera ése. Hubiera sido fácil para el Señor desenmascararla con algunas palabras castigadoras. En cambio, como el más delicado y hábil de los orfebres, Jesús limpió las marcas del pecado y del dolor en su vida hasta que ella se sorprendió de cuánto oro verdadero él resaltó en ella. Él le dio esperanza, sabiendo todo el tiempo quién ella era por dentro. Jesús fue claro: El valor de una persona es una parte esencial del mensaje. Esto significa que la tarea del apologista empieza con un caminar piadoso. Se debe tomar el tiempo para reflexionar seriamente en la pregunta, ¿Ha forjado Dios verdaderamente un milagro en mi vida? ¿Es mi propio corazón prueba de la intervención sobrenatural de Dios? Ésa es la primera pregunta del apologista.

Extracto de Más Allá de La Opinión: Viviendo La Fe Que Defendemos (Thomas Nelson, 2007) editado por Ravi Zacharias.

 

Traductor Voluntario: Carlos Celis

 

Ravi Zacharias es el fundador y presidente de la mesa directiva de Ravi Zacharias International Ministries.

 

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