La razón de la Navidad

Un saludo navideño de parte de nuestro Director Ejecutivo Pedro Gismondi

La Navidad es el momento del año cuando todos hablan de paz y amor. Es curioso que cada vez se mencione menos el motivo real de la celebración, el nacimiento de Jesús, el Cristo. El énfasis recae en la familia, la generosidad, los regalos, el compartir y la cena. Es como si de una manera casi inadvertida, el centro de esta fiesta ha cambiado. Y es que debemos reconocer que la sociedad actual no acepta la idea de Dios encarnándose en Jesús. Este concepto de Dios acercándose a la humanidad es foráneo y para muchos bordea el mito, la leyenda. El rechazo a la idea de Dios va en aumento, aun en nuestra Latinoamérica tan religiosa. Otras veces toma forma de indiferencia a lo espiritual.

El día a día nos muestra la gran necesidad que tenemos como seres humanos de vivir una vida donde la paz y el amor sean centrales. Todos necesitamos amor, como dice la canción de los Beatles, pero no sabemos dónde encontrarlo. Tratamos de hallar amor en la pareja, en los hijos, en la familia extendida o en el altruismo. Buscamos la paz en la diversión o algunos en la quietud de una playa. Pero todo esto no nos da lo que anhelamos, pues son solo sombras de la verdadera paz y el verdadero amor.

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Jesús nació en Belén hace más de dos mil años para traer paz y amor perdurables. El corazón humano desea esto con desesperación.  Bien dijo Blaise Pascal: “Que más, pues, nos muestra ese anhelo que todos tenemos, sino que alguna vez existió en cada persona esa verdadera felicidad, de la cual solo encontramos un rastro, un rezago… Ese abismo infinito solo puede ser llenado por algo infinito y que no cambia, en otras palabras, por Dios mismo”.

Uno de los nombres de Jesús es Emanuel, “Dios con nosotros” (Mateo 1:22-23, Isaías 7:14). En un establo nace el Salvador, acostado en un pesebre llega Dios encarnado. Jesús, el carpintero de Nazaret, que a los treinta años comenzaría su ministerio, predicó el arrepentimiento y perdón de pecados, sanó a muchos de sus enfermedades. Pero, sobre todo, vino a pagar el precio por la desobediencia humana: la muerte. Fue juzgado injustamente y condenado a morir en una cruz. Pero no quedó allí, sino que resucitó, demostrando su poder y divinidad. Y al morir y resucitar nos trajo esperanza, paz y amor.

Eso que tanto anhela nuestro corazón cargado y turbado, nos lo trae Jesús. Verdadera paz y verdadero amor, no como los sustitutos que nos da el mundo que nos rodea. Cuando reconocemos que Jesús es el único camino a Dios, cuando dejamos que él dirija el timón de nuestra vida, es ahí que encontramos paz y amor. Que esta Navidad podamos compartir con todos nuestros amigos y familia, el verdadero significado de la celebración, que Dios se hizo hombre y vino para darnos esperanza.

Gracias por sus oraciones y por su apoyo. A nombre de la directiva y los voluntarios de RZIM LATAM les deseo una Feliz Navidad y un bendecido año 2018.

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