Sabiduría Encarnada

Por Ravi Zacharias*

Una de las pérdidas trágicas de nuestra era ha sido la de llevar una vida contemplativa – una vida que piensa, una vida que medita bien las cosas, y sobre todo una vida que piensa como Dios piensa. Nunca asumiríamos que una persona sentada en su escritorio mirando por la ventana se encuentra trabajando. ¡No! Pensar no es equivalente a trabajar. Sin embargo, si Newton debajo de su árbol o Arquímedes en su tina hubieran creído este prejuicio, algunas leyes naturales todavía estuvieran en el aire o enterradas debajo de una roca. Pensees o “Pensamientos” de Pascal, una obra que ha inspirado a millones nunca hubiera sido escrita.

Pero lo que es aún más destructivo es la suposición de que el silencio es perjudicial en la vida. La radio en el carro, la música ambiental en el elevador, y la sinfonía que entretiene a las personas “en espera” se suman como impedimentos serios a la reflexión personal.  En efecto, se le niega el privilegio a la mente de vivir consigo misma y se le llena de impulsos exteriores para enfrentar la soledad. La crítica de Aldous Huxley que dice que “casi toda la vida es un esfuerzo para no pensar” parece verdadera. Además, el precio pagado por esto ha sido devastador. Como T.S Eliot se preguntó:

“¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?

¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?

Los ciclos celestiales en veinte siglos

Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.”

¿Hay algún remedio? ¿Puedo hacer algunas sugerencias? Nada tiene mayor jerarquía en la disciplina de la mente que un estudio planificado y sistemático de la Palabra de Dios, de donde provienen los parámetros y valores de la vida, y donde Cristo es dado a conocer. Pablo, quien amaba sus libros y pergaminos, afirmó la prioridad de las Escrituras como el medio para encontrar a Cristo. Y el salmo 119 promete que Dios nos protege de una mente de doble ánimo.

Christ Pantocrator - Mosaïque de la Déisis - Sainte-Sophie (Istambul, Turquie)

Christ Pantocrator – Mosaïque de la Déisis – Sainte-Sophie (Istambul, Turquie)

 

La persona promedio de hoy en día entrega su intelecto al mundo, presumiendo que el cristianismo carece de inteligencia. Y para muchos el  púlpito ha cedido a la mentira de que nada intelectual puede ser espiritual o emocionante.

Afortunadamente hay algunas excepciones. Cuando vivíamos en Inglaterra, nuestra familia asistía a una iglesia donde la predicación era tomada muy en serio y los sermones de una hora eran algo normal. Cambridge, siendo plagado de escepticismo, exigía una defensa bien precisa para cada texto del sermón. Cuando nos estábamos yendo de Cambridge, nuestro hijo menor que tenía nueve años dijo que uno de sus recuerdos más preciados era la predicación de esa iglesia. Aun siendo niño había aprendido que la mente fluye directamente al corazón cuando es usada correctamente. El asunto que estoy compartiendo tiene implicaciones transcendentales. Nosotros perjudicamos a nuestra juventud cuando no reconocemos su capacidad de pensar.

Dios da un gran valor a la “vida del pensamiento” y en su capacidad de moldear toda la vida. Salomón dijo, “porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él.” Jesús afirmó que la gravedad del pecado no es simplemente en el acto pero en la idea misma. Pablo le advirtió a la iglesia de Filipos que tuvieran la mente de Cristo y les escribió también: “En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto piensen” (Filipenses 4:8). El seguidor de Cristo debe mostrarle al mundo no solo el significado de pensar sino también el de pensar justamente. En las palabras del envejecido David hacia su hijo Salomón, “reconoce al Dios de tu padre y sírvele con un corazón íntegro y con ánimo voluntario; porque el SEÑOR escudriña todos los corazones y entiende toda la intención de los pensamientos. Si tú lo buscas, él se dejará hallar; pero si lo abandonas, él te desechará para siempre” (1 Crónicas 28:9).

Con nuestro corazón, mente, y cuerpo, podemos seguir al Dios de la creación y a su hijo que camino en ella. Después de todo, no es que: pienso, por lo tanto soy (o existo),  sino que  el gran Yo Soy nos llama a pensar y por lo tanto nosotros debemos hacerlo.

*Ravi Zacharias es el fundador y presidente de RZIM (Ravi Zacharias International Ministries).

Traductor voluntario:  José Cañas

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