Una Navidad Ordinaria

Por Margaret Manning*

Para aquellos que están familiarizados con la narración de Navidad del Evangelio de Lucas, la extrañeza de la historia  puede  pasar desapercibida. Cuando se lee sin estar familiarizado con la misma o sin un sentimentalismo propio de la publicidad, el relato lucano sobre la llegada de Dios al mundo es bastante extraordinario. Me sorprende la forma en que Lucas yuxtapone el anuncio del Rey de Israel: “Porque a ti ha nacido hoy en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo el Señor”, con el signo de su venida: “Y esto será una señal para ti: encontrarás un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre. “(1) El Dios del universo nacería en un humilde y sucio pesebre, un abrevadero para animales y vestido con tiras de tela entrelazada.

Para muchos lectores modernos, la narración de Lucas destaca lo que parecen ser los detalles más ordinarios y mundanos del nacimiento de Jesús. Y sin embargo, estos detalles aparentemente ordinarios resaltan a un Dios que elige mostrar la gloria divina en el nacimiento común de un niño humano. La preocupación del escritor del evangelio por los detalles ordinarios reveló la creencia de que la venida del Mesías y su reino serían muy diferentes del reino que se esperaba.

La Biblia indica que hubo un largo silencio de Dios , en el cual no habló directamente a su pueblo, un silencio que debe haber parecido una eternidad. Pero desde el silencio de esa noche tranquila, el ángel habló y anunció lo que el pueblo de Israel había esperado: ¡Él está aquí -proclama el evangelio- nacido en la misma ciudad que tu gran rey de antaño, el Rey David! La gente miraría ahora al nuevo David, su nuevo libertador, quien sería su Mesías. El profeta Miqueas también anunció este contexto especial: “En cuanto a ti Belén, muy pequeña para estar entre los clanes de Judá, de ti uno saldrá para que yo sea el gobernante en Israel. Su salida es desde hace mucho tiempo, desde los días de la eternidad”.  Desde el silencioso cielo, llegó la noticia que superó todas las noticias. El Mesías había llegado y el mundo nunca volvería a ser el mismo, porque ese día un rey había nacido en la ciudad de David, ¡Cristo el Señor!

Y sin embargo, este rey no nacería en un palacio ni en la casa de un sacerdote, como Juan el Bautista por ejemplo. El lugar glorioso del nuevo rey de Israel sería diferente, inesperado: “Y esto será una señal para ti; encontrarás un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre” Nacido este día, en la ciudad de David está tu Cristo, tu Mesías. ¿Y adivina qué? Lo encontrarás en un pesebre, que es el comedero para animales de granja ¿Quién creería este informe? ¿Cómo podría el Mesías venir con tanta vulnerabilidad y pobreza?

adoration-of-the-magi-altarpiece-left-hand-predella-panel-depicting-the-nativity-1423Gentile da Fabriano, Altar de Adoración de los Reyes Magos, panel de predela izquierda que representa la Natividad, 1423.

Pero el pesebre demostraría ser un palacio, y los primeros súbditos del reino no serían los influyentes o los poderosos, ni los justos ni los gobernantes. De hecho, solo unas pocas personas realmente escucharon las noticias. Después del silencio de siglos, Dios no viene con un grito, sino como un susurro en los oídos de unos pocos individuos selectos. Dios viene como un bebé que llora y que necesita consuelo y alivio de padres humanos.

María, una jovencita que no está casada aún, sería la primera en recibir las buenas noticias. Era joven y humilde, el anuncio de un embarazo ilegítimo e inexplicable no la ayudaría a encontrar su lugar en la comunidad. El anuncio también llegó a los pastores, los menos influyentes de esa sociedad, muchachos jóvenes en los campos, lejos de sus pueblos, que atendían ovejas. La gloria de Israel es revelada a aquellos que la mayoría consideraría sin importancia. El nuevo rey de Israel nace de una joven soltera, en un pueblo que no es su hogar, y es puesto en un pesebre con animales como testigos  de su nacimiento. El anuncio celestial se hace solo a un grupo de pobres pastores que nadie nota.

Revelar la gloria de Dios a través de medios humildes y detalles ordinarios, es un punto que el evangelio de Lucas destaca cuando retrata un reino que trastornaría muchas expectativas deseadas. El Dios Todopoderoso, que creó el cielo y la tierra, que creó a los pastores y a los animales, a María y a José, fue el mismo Dios que eligió ser glorificado en carne humana como el niño Jesús. En la dependencia y vulnerabilidad de un bebé, la gloria de Dios se revela. Las circunstancias humildes con testigos sin importancia revelan la grandeza y la gloria de Dios. La humildad es una de las características del Reino de Jesús.

El Dr. James Denison explica: “Cuando era niño, [Jesús] fue adorado por magos extranjeros, no por su propia gente. Pasó su ministerio público tocando a los leprosos, dando la bienvenida a gentiles y prostitutas, discipulando a recaudadores de impuestos, a otras personas despreciadas y ofreciendo el Evangelio a todos los que lo recibieran. Su nacimiento probó las palabras: “Tanto amó Dios al mundo que Dios dio a su único Hijo, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que reciba la vida eterna“.(2)

En un mundo que confunde la gloria con el brillo, el glamour, el poder y el prestigio, ¿veríamos la gloria de Dios en este paquete aparentemente poco glorioso? acunado en un comedero de animales, presentado a los campesinos y anunciado al menor y al último…

Y para todos los que se preguntan sobre este tipo de nacimiento, este tipo de rey y este tipo de Dios, son bienvenidos a acercarse al pesebre y al establo.

*Margaret Manning Shull es miembro del equipo de conferenciantes y escritores de RZIM en Bellingham, Washington

Traductora voluntario: Angela Martinez

(1) Lucas 2:11-12.

(2) James Denison, entrada de blog, 2007.

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