Verdad o Amor, ¿cuál es tu elección?

Por Vince Vitale*

Vivimos en una sociedad de posverdad, eso es lo que afirmó “The Economist” (reconocida publicación inglesa) hace más de un año. A fines del 2016, el Oxford English Dictionary eligió “post-truth” (“posverdad”) como su palabra del año. Y si retrocedamos un poco más, una encuesta mostró que un 11 por ciento de Estados Unidos creía que ser “honesto y confiable” era lo suficientemente bueno como para tener una ventaja del 9 por ciento en la carrera para ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Pero, por supuesto, incluso las encuestas se encuentran en el marco de la posverdad.

Estamos muy confundidos acerca de la verdad: está la verdad, y luego está la verdad al desnudo. Está la verdad, y luego está la verdad del evangelio (aunque el Evangelio se toma como obviamente falso). Está la verdad honesta, y luego está la verdad honesta de Dios (1) (pero eso no tiene nada que ver con Dios).
Estiramos la verdad, la doblamos y la torcemos. Enterramos la verdad porque duele. Cuando queremos que algo sea falso, tocamos madera. Cuando queremos que algo sea cierto, cruzamos los dedos. ¿En qué cruz de madera confiamos?

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Francisco de Goya, Murió la Verdad, grabado en papel 1810-1815

¿Por qué tenemos una relación tan confusa con la verdad?… por miedo. Le tememos a la verdad. Se ha abusado tanto de ella, que la experiencia nos ha enseñado sobre la trayectoria de la verdad, la trayectoria de creer que se tiene la razón y los demás están equivocados. En ella, de la verdad vamos al desacuerdo, del desacuerdo a la devaluación, de la devaluación a la intolerancia, de la intolerancia al extremismo, del extremismo a la violencia, de la violencia al terrorismo.

Y si esa es la trayectoria, entonces aquellos comprometidos con la verdad son en realidad terroristas en formación. Si esa es la trayectoria, entonces la verdad es un acto de guerra, y un acto de guerra te deja con solo dos opciones: luchar o huir.

La mayoría de personas en la sociedad occidental están huyendo. Todo a nuestro alrededor está estructurado para evitar desacuerdos: pasamos la mayor parte del tiempo en Facebook y Twitter donde damos “me gusta” y “retwitteamos” pero no hay opción de “no me gusta”. Los deportes ya no nos enseñan a estar en desacuerdo. En los deportes profesionales, repetimos cada jugada para evitar desacuerdos. En los campeonatos infantiles, no se lleva el puntaje y todos obtienen un trofeo.

Cuando se trata de buscar pareja, usamos sitios en línea que nos dan “match” con alguien tan similar en creencias, antecedentes y personalidad, para evitar así posibles desacuerdos. Ya no nos encontramos con personas diferentes a nosotros en las cafeterías porque utilizamos el autoservicio. Ya no interactuamos con personas mientras vamos de compras, porque todo lo que pudiéramos necesitar o desear se compra por internet y llega directamente a nuestra puerta. Culturalmente, todo lo que nos rodea está configurado para evitar el desacuerdo.

La alternativa a huir es luchar. Estaba caminando por la Universidad de Oxford hace unos meses, y dos hombres que caminaban justo delante de mí estaban teniendo una animada conversación sobre cuán absurdas habían encontrado ciertas posiciones cristianas sobre cuestiones éticas. Uno de ellos se preguntó en voz alta si la única solución, sería avergonzar a los cristianos para que dejen de pensar de esa manera.

Su amigo respondió rápidamente, “Sí, ¡Eso es lo que deberíamos hacer! Deberíamos ridiculizarlos sin piedad de la manera más insensible que podamos pensar “- Esas fueron sus palabras exactas. Luego ambos giraron a la derecha y deslizaron sus tarjetas de facultad para ingresar al edificio de Física Teórica de la Universidad.

Probablemente eran académicos en Oxford, un lugar que se enorgullece de la libertad intelectual y el intercambio de ideas, y el “ridículo despiadado e insensible” fue lo mejor que se les ocurrió para resolver el desacuerdo. Me pregunté cuántas creencias tienen en física teórica que algún día se considerarían ridículas.

¿Cómo se llega a este punto? ¿Cómo llega alguien al punto en que el “ridículo despiadado” parece ser la mejor manera de avanzar? Creo que es porque ven la Verdad más importante que el Amor. Si la Verdad es más grande que el Amor, entonces luchas; el objetivo final de la Verdad justifica todos los medios necesarios, ya sean los medios de estos académicos altivos o los medios del ISIS. Si la verdad es más grande que el amor, entonces el amor es una tentación, una distracción que amenaza con desviar nuestra atención de lo que es realmente importante; entonces los que están en desacuerdo con nosotros son enemigos, y la calidez hacia nuestros enemigos debe extinguirse a favor de los hechos fríos y duros.

La alternativa, es que el Amor es más grande que la Verdad. Entonces huyes. Huyes de los peligros de la Verdad y adoptas un pluralismo que nos asegura que “todas las verdades son igualmente válidas” ¿Eso no incluye la afirmación de que todas las afirmaciones de verdad NO son igualmente válidas? Un estudiante universitario le dijo recientemente a mi colega, Abdu Murray, que él no podía estar en desacuerdo con nadie:

Abdu dijo: -“Claro que sí”.
El estudiante dijo: -“No, no”.
Abdu dijo: -“Acabas de hacerlo”.

Filosóficamente, así de rápido va el pluralismo a la incoherencia. Pero si la verdad te lleva por un camino que termina en extremismo, violencia y terrorismo, entonces la incoherencia filosófica puede parecer un precio que vale la pena pagar.

Si la Verdad es más grande que el Amor o el Amor es más grande que la Verdad. Lucha o huye. Este es el ultimátum cultural en el que vivimos. ¿Cuál es tu elección?

Tal vez hay otra manera. Jesús estuvo en desacuerdo con nosotros. Su sola venida fue un acto de desacuerdo con nosotros, una declaración de que necesitamos salvación porque nuestras vidas han estado tan en desacuerdo con lo que Dios quería para ellas.

Pero el sacrificio amoroso de Jesús por nosotros fue el contenido mismo de su desacuerdo, fue su propia declaración de que somos pecadores en necesidad de un salvador. Dios cortó el vínculo entre el desacuerdo y la devaluación haciendo que su comunicación de la Verdad sea la misma que su comunicación de Amor.

Ni “la Verdad es más grande que el amor”, ni “el Amor es más grande que la Verdad”. “Dios es Amor” (1 Juan 4: 8) y “Dios es Verdad” (Juan 14: 6). Y, por lo tanto, el Amor es la Verdad.

Solo en Jesús la verdad es igual al amor, y, por lo tanto, solo Jesús puede sacarnos del ultimátum cultural en el que estamos atrapados: luchar o huir. Cada otra cosmovisión hace una elección entre Amor y Verdad. Jesús se rehusó porque en Él, y solo en Él, el Amor y la Verdad son uno y el mismo.

Entonces la próxima vez que tengamos una elección entre Amor y Verdad, rehusémonos a elegir. En cambio, recordemos cuando la verdad, Jesús mismo, fue estirada. Recordemos cuando la Verdad estaba torcida y doblada, cuando la Verdad estaba desnuda. Recordemos cuando la Verdad fue lastimada, y cuando la Verdad fue sepultada.

Recordemos en qué Cruz de madera estamos confiando. Y recordemos que el Amor que no es Verdad no es Amor, y la Verdad que no es Amor no es Verdad.

*Vince Vitale es Director del Zacharias Institute en Ravi Zacharias International Ministries en Atlanta, Georgia.

Traductora Voluntaria: Martha Naupari

(1) la verdad honesta de Dios – En inglés: “God’s honest truth”
Expresión: La verdad, intensificada por su modificación redundante con honestidad, y más intensificada por la especificación de que la “verdad honesta” proviene de Dios (tradicionalmente considerada como una autoridad más confiable). Site: https://en.wiktionary.org/wiki/God%27s_honest_truth

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