¿Acaso la actividad cerebral significa que Dios no es real?

 

Por Sharon Dirckx

 

En su último libro «¿Soy sólo mi cerebro?» Sharon Dirckx, profesora principal del OCCA, expone la comprensión actual de quiénes somos de biólogos, filósofos, teólogos y psicólogos, y apunta hacia un panorama más amplio, que proporciona respuestas a las preguntas fundamentales de nuestra existencia. El siguiente artículo es un extracto editado.

 

Mucha gente admite haber orado, ya sea de niño a la hora de acostarse o como adulto en medio de una crisis. Mucha gente, independientemente de sus creencias sobre Dios, percibe la oración como una actividad religiosa útil. ¿Qué sucede en el cerebro cuando la gente ora?

 

En los últimos años, esta disciplina ha sido estudiada por neurocientíficos. El profesor Andrew Newberg y otros han sido pioneros en la investigación de la meditación, los rituales, los estados de trance budistas y la oración cristiana. Una revisión médica en 2009 enumeró cuarenta regiones cerebrales diferentes que están involucradas en la oración y la meditación, mostrando que el cerebro es muy activo durante la actividad espiritual. Y no de una manera uniforme. Sorprendentemente, diferentes tipos de oración activan diferentes redes neuronales.

 

Durante años, muchos han creído que la experiencia religiosa es un mero producto del cerebro. Entonces, ¿la presencia de actividad cerebral significa que la experiencia no es auténtica? No necesariamente.

 

Lo que pensamos cuando pensamos en chocolate

 

A mucha gente le encanta el chocolate. No es solo el sabor lo que es genial, sino también la anticipación del sabor. Los neurocientíficos saben que desde el momento en que decides comer chocolate, una red de centros neuronales de «placer» comienza a liberar químicos cerebrales que conducen al inevitable «lugar feliz». Estas redes son también las mismas que se activan cuando estamos enamorados.

 

Una cosa es entender la participación del cerebro en el consumo de chocolate, pero otra muy distinta es experimentar el sabor del chocolate de primera mano. La relación entre estas dos cosas ha ocupado a los filósofos durante siglos, porque los procesos cerebrales objetivos y la experiencia humana subjetiva son vistos como dos fenómenos muy diferentes.

 

Para determinar si un encuentro es auténtico, necesitamos hacer algunas preguntas más. ¿Qué tipo de encuentro es? ¿Es consistente con las creencias de la persona? ¿Hay otras instancias de este encuentro? ¿Puede ser verificado? La historia de la persona, y tal vez de otros observadores también, será tan importante como la señal de su cerebro para decidir si el encuentro es auténtico.

 

¿La actividad cerebral significa que Dios no es real?

 

El hecho de que algo se experimente a través del cerebro no significa necesariamente que se haya originado en el cerebro. El hecho de que conozcamos y entendamos los circuitos de recompensa del cerebro no significa que pongamos en duda la existencia del chocolate. Tampoco cuestionaríamos la existencia de aquella persona cuyo amor activa nuestro cerebro. El hecho de que el chocolate y nuestra pareja existan es la razón por la que hay actividad cerebral en primer lugar.

 

Del mismo modo, la actividad cerebral durante la oración no niega a Dios. De hecho, filósofos como Alston, Plantinga y Swinburne sostienen que las experiencias religiosas auténticas, en general, son evidencias para Dios. Y si Dios existe, entonces no es una sorpresa que nos haya creado de tal manera que nuestros cerebros estén activos cuando nos encontremos con él. Este tipo de datos no es una amenaza para la creencia religiosa.

 

“Pero no tengo un cerebro religioso”

 

¿Están algunas personas simplemente conectadas para «encontrar a Dios» y otras no? Los datos de imágenes cerebrales que hemos acumulado hasta ahora no permiten esta conclusión.

 

En medio de nuestra sala en casa hay una mesa. Por su nombre es una mesa para comer, pero en realidad cumple muchas funciones. Comemos en ella, pero los niños también hacen los deberes en ella. Nos reunimos alrededor de esta mesa, e incluso he escrito algunas de las palabras de este artículo sobre ella. La mesa no tiene una sola función. Dependiendo de la hora del día, es una oficina, un lugar de encuentro, un comedor o un espacio para las artes creativas.

 

Lo mismo ocurre con las regiones cerebrales empleadas durante la oración; ninguna de ellas es exclusiva de las actividades espirituales. Todas cumplen múltiples funciones en el cerebro, pero también son reclutados durante la práctica religiosa. ¿Son algunas personas más capaces de comprometerse con Dios que otras en términos de la composición de su cerebro? No. Cada persona tiene la maquinaria que necesita.

 

La invitación es para todos

 

Nunca olvidaré el día en que un niño con discapacidad mental fue bautizado en mi iglesia local. No sé la naturaleza exacta de su discapacidad, excepto para decir que necesitaba una silla de ruedas y solo podía hablar a través de un software de reconocimiento de voz. Fue increíblemente conmovedor oírle prepararse para el bautismo respondiendo a las preguntas: “¿Decides seguir a Cristo?” “¿Renuncias al mal?” “¿Te arrepientes de tus pecados?” Después de cada pregunta, respondió de manera que mostró claramente que entendía completamente lo que estaba pasando y por qué. Este bautismo me recordó que la relación con Dios no depende de tener un cerebro completamente funcional. Dios es más grande que el cerebro humano, y se relaciona con todos y cada uno, independientemente de su capacidad cognitiva. Nadie está fuera de su alcance.

 

 

 

 

La Dr. Sharon Dirckx es autora, tutora y apologista que habla y escribe ampliamente sobre el problema del mal y el sufrimiento. Su último libro examina cuestiones de identidad humana desde las perspectivas de la neurociencia, la filosofía y la teología.

 

 

 

Para mas información sobre el tema, lee el libro completo de Sharon Dirckx, Am I Just my Brain? (¿Soy mas que mi cerebro?)

Traducción voluntaria por Andrés Vasquez.