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Apologética cristiana en medio del desastre – RZIM Latam

Apologética cristiana en medio del desastre

 

La coyuntura actual debido al COVID – 19 y su impacto a nivel mundial ha hecho que cada vez más recurramos a la palabra “desastre” para describir lo que pasa a nuestro alrededor. Muchos países han declarado estados de emergencia con el fin de poder resguardar y evitar la dispersión del virus entre el sector restante de su población. Muchas personas empezaron procesos casi imposibles de migración debido a que han sido desalojadas de sus casas, y otras han quedado varadas en tierras extranjeras esperando se habilite alguna forma de transporte humanitario. Los medios nos comunican las emergencias de muchos ciudadanos mientras día a día la cifra de infectados va incrementándose. Hasta la fecha, mientras escribo esto, a nivel global hay registro de más de 5 millones de contagiados y más de 300 mil muertes confirmadas por casos de infección de esta pandemia. Las autoridades hacen su mejor esfuerzo, incrementando medidas, con la esperanza de una llegada próxima de la vacuna.

Han surgido más de una visión sobre la importancia que se brinda a la presente pandemia. Algunos recuerdan a sus compatriotas que esta crisis global que está teniendo la mayor atención de los países del mundo, además está cubriendo otros problemas también presentes en cada lugar, como los de pobreza, corrupción, poblaciones vulnerables, etc. Hoy en día, el hablar sobre la pandemia mundial es ingresar en un sinfín de comentarios y posiciones. Parece ser que el conflicto global también ha impactado inclusive en la manera en la que pretendemos abordar el problema. Es probable que, algo en lo que muchos sí estarían de acuerdo, es que lo ocasionado por el COVID-19 y su propagación, es muy bien descrito por la palabra desastre.


Mucho más podemos decir de los pesares que suceden a nuestro alrededor. Sin embargo, de la misma manera que la presencia de una pandemia mundial no reemplaza la presencia de otros problemas que hay que atender, hay uno en especial que sigue latente y es también meritorio de preocuparse. ¿Qué sucede con el desastre al interior del ser humano? Este tampoco ha cesado. Los robos, aunque en menor medida, siguen sucediendo. La violencia familiar se ha incrementado, e inclusive, debido a las restricciones sociales, varias víctimas han denunciado que lamentablemente comparten espacios con sus agresores. ¿Por qué en vez de unirnos como humanidad nos empecinamos con seguir con este tipo de acciones que dañan a los agredidos y corrompen aún más a los agresores? Escenarios como este, donde se muestra al máximo la imperfección humana probablemente llevaron a Pascal a decir: “El hombre no es sino un sujeto lleno de error, natural e indeleble, sin gracia.” [1]

 

 

En medio de todo este conglomerado de ideas, además de diferentes posiciones y puntos de vista, surgen también preguntas. Y en medio de ellas, surge una la cual pretendo abordar en estas líneas. ¿Cuál es el rol de la apologética cristiana en medio de todo esto?

El resurgimiento de la presencia del cristianismo académico en los últimos años puede que haya ocasionado también que perdamos de vista cuál fue el inicio de este ministerio desde los días de los primeros discípulos de Jesús. Y para tratar de encontrar luz, hemos de volver a las fuentes del inicio de la apologética. El texto bíblico utilizado para hablar del llamado a la apologética es 1 Pedro 3:15. ¿Pero cuál fue el contexto en el que surgió ese texto? Craig Keener, uno de los mayores eruditos en estudios del Nuevo Testamento comenta:

«De acuerdo con el historiador de los principios del siglo II, Tácito, a quien los cristianos le eran antipáticos, Nerón quemó vivos a cristianos utilizándolos como antorchas para alumbrar sus jardines en la noche. Él mató a otros cristianos de maneras igualmente crueles (p. ej., que sirvieran de comida a los animales salvajes mientras que, al mismo tiempo, entretenían al público». [2]

 

Con el contexto en mente, invito a leer nuevamente 1 Pedro 3:15.

 

“Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes”.
(1 Pedro 3:15, NVI)

 

¿De qué manera podrían los cristianos brindar esperanza en un contexto tan cruel como ese? Aunque parezca imposible a primera vista, si revisamos la historia, los primeros cristianos no cesaban de transmitir la esperanza que dejó Jesús con todo lo que hizo en la tierra. Esa esperanza fue la que probablemente llevó a escribir también, en el mismo libro:

 

¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva 4 y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable”
(1 Pedro 1:3-4, NVI)


Y avanzando un poco más en la historia, nos damos cuenta de que esta no es la primera pandemia que la humanidad, y con ella los cristianos, han vivido. Una de las primeras crisis a nivel global es la peste cipriana, la cual golpeó duramente a Roma en el siglo III, sin embargo, la esperanza que transmitían los primeros cristianos también se hizo presente. John Lennox, apologista asociado a RZIM, Doctor en Matemáticas y Filosofía de la Ciencia, cita a Lyman Stone, un investigador que escribió sobre el tema: 


«La peste cipriana, una enfermedad que probablemente esté relacionada con el virus del Ébola, ayudó a disparar la crisis del siglo tres en el mundo romano. Pero también hizo  algo más: desencadenó un crecimiento explosivo del cristianismo… En sus sermones, Cipriano les decía a los cristianos que no se lamentaran por las víctimas de la plaga sino que redoblaran sus esfuerzos por cuidar de los vivos. Otro obispo, Dionisio, describió cómo los cristianos, ‘ignorando el peligro… se encargaron de los enfermos, atendiendo todas sus necesidades». [3]

 

Personalmente, creo que el cristianismo podía transmitir esperanza aún en tiempos de crisis debido a que en su esencia no olvidó que además de todos los desastres externos que vivimos también debemos de lidiar con el desastre interior del ser humano. Un desastre donde la salida que el cristianismo plantea es Jesucristo, el mensaje central y la esperanza que Dios ofrece a toda la humanidad. 

 

Cristo entre los doctores, Giotto di Bondone c.1304 – c.1306, fresco.

Si bien el mensaje del cristianismo no ha cambiado, ni debería hacerlo, la forma de transmitir el mensaje si se ha ido adaptando, y la forma de hacer apologética también, pues parte de su función es conectar con la cultura de la sociedad de la mejor forma posible para transmitir el mensaje que nos dejó Jesús. Pero entonces, en un contexto pandémico como el que vivimos. ¿Cómo debería adaptarse? Creo que este tiempo es demandante de un tipo de apologética en especial: la apologética mayor. ¿Y qué es este tipo de apologética? William Craig, filósofo, teólogo y apologista lo explica de este modo:

 

«Esta apologética mayor y más grande implica dos relaciones: tu relación con Dios y tu relación con los demás. Estas dos relaciones son distinguidas por Jesús en su enseñanza sobre el deber del hombre: “y uno de ellos, intérprete de la ley, para ponerle a prueba le preguntó: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”(Mateo 22:3540). El primer mandamiento rige nuestra relación con Dios, el segundo es nuestra relación con nuestro prójimo». [4]

 

Una manera de hacer llegar esta apologética a nuestro contexto es entonces cuidando nuestra comunión con Dios y nuestra relación con el prójimo. Lo primero nos exige ahondar en nuestro entendimiento sobre Dios y las escrituras, mientras que lo segundo nos mueve a actuar por el bien de nuestros semejantes. ¿Pero de qué manera hacemos esto? No conozco otra mejor salida que el amor, pues sólo con amor podemos amar a nuestro prójimo y cuidar nuestra comunión con Dios, que es el amor mismo. Ravi Zacharias, apologista y fundador de este ministerio, comenta lo siguiente:


«El amor tiene sus demandas. El amor requiere sacrificio, pero en nuestras vidas tan aceleradas nuestras prioridades se invierten y malgastamos lo sagrado para proteger lo profano. Es el amor de Cristo el que reta nuestras prioridades y aborda la necesidad del corazón humano de amar y de ser amado». [5]

 

Como también dijo Ravi: “El amor es la apologética más poderosa. Es el componente esencial para llegar a toda persona en un mundo fragmentado. La necesidad es enorme, pero también es imperativo que estemos dispuestos a seguir el ejemplo de Jesús y satisfacer la necesidad.” Pero si hemos de amar y de buscar al amor entonces también debemos preguntarnos: ¿Cómo es que podemos amar a nuestro prójimo hoy? ¿De qué manera atendemos la necesidad estos días? John Lennox nos comenta lo siguiente:


«Nada de esto quiere decir que debemos ignorar las reglas que buscan disminuir contagios y ponernos así en riesgo a nosotros mismos y a otros, en especial en situaciones en las que tenemos que autoaislarnos o cuando  estamos en un área que está en cuarentena. Sí quiere decir  que debemos buscar maneras de amar a otros de forma  sacrificial, porque así es como Dios ha amado a todos los  cristianos en la persona de Su Hijo, al morir por ellos en la  cruz. Amar a nuestro prójimo también significa evitar esa  actitud egoísta e histérica frente a la comida y las necesidades básicas, que hace que las tiendas queden vacías y que
nuestro prójimo no pueda conseguir lo que necesita». [6].

 

Es decir, la mejor apologética para estos tiempos es la apologética del amor. Es momento de transmitir el mensaje del cristianismo y de practicar la apologética mayor, que implica el ejercer nuestra vida misma por el bien de nuestro prójimo. Escribo porque los animo, a practicar lo que el cristianismo ha transmitido desde sus inicios. Animo a que vivamos esa esperanza y que continuemos ayudando donde podamos. Apliquemos la apologética del amor en estos tiempos de desastre. ¿De qué manera puedes hacerlo tú?

 

 

Kevin Gómez
Kevin Gómez
Kevin es estudiante de Ingeniería Mecatrónica en la PUCP, estudiante de ciencias bíblicas en el seminario Tarpuy y voluntario en formación apologética en RZIM LATAM desde el 2018.

 

Fotot por Isabella Jusková en Unsplash

 

Referencias:

 

  1. Blaise Pascal, Pensamientos (Editorial Tecnos, 2003), pág 14
  2. Craig Keener,Comentario del contexto cultural de la biblia. Nuevo Testamento, 1ª Pedro. ( Mundo Hispano, 2004), pág 700
  3. John Lennox, ¿Dónde está Dios en un mundo con coronavirus? ( Poiema Publicaciones, 2020), pág 75 
  4. William Craig, Fe Razonable. Apologética y veracidad cristiana. (Publicaciones Kerigma, 2018), pág 402. 
  5. Ravi Zacharias, Can man live without God? [¿Puede el hombre vivir sin Dios?] (Zondervan, 1994), pág 111
  6. John Lennox, ¿Dónde está Dios en un mundo con coronavirus? (Poiema Publicaciones, 2020), pág 78