Warning: session_start() expects parameter 1 to be array, string given in /home/customer/www/rzimlatam.com/public_html/wp-includes/class-wp-hook.php on line 287
Cuando Dios Rompe el Silencio – RZIM Latam

Cuando Dios Rompe el Silencio

El ángel le dijo: «Zacarías, no tengas miedo, porque tu oración ha sido escuchada. Tu esposa Elisabet te dará un hijo, y tú le pondrás por nombre Juan. – Lucas 1:13

Este fue el mensaje que Dios habló después de años de silencio a través de Gabriel, uno de sus ángeles, a Zacarías. Había pasado tanto tiempo que tal vez Zacarías se había olvidado por lo que había orado, y tal vez incluso había olvidado que su propio nombre, Zacarías, significa: «El Señor recuerda».

Uno de los temas que más nos preocupa como hijos de Dios es su silencio, que a menudo parece largo y desconcertante. Sin embargo, la historia de Zacarías y Elizabet, y la asombrosa historia de Navidad, tienen lugar “cuando se cumplió el tiempo señalado» (Gálatas 4:4). Además, llevan dos mensajes vitales sobre el silencio de Dios: Él seguramente hablará, y hasta que Él hable, Él trabajará. Explorémoslos brevemente.

Dios seguramente hablará. Este acontecimiento divino en las vidas de Zacarías y Elizabet hace eco del momento histórico y único en el que tuvo lugar: el momento en el que el nacimiento de Cristo terminó con cuatro siglos de silencio divino. Habían siglos pasado sin un solo profeta o profecía; Dios parecía totalmente silencioso ante los gritos de angustia y dolor de la humanidad. La última profecía vino a través de Malaquías, quien prometió que el Señor mismo entraría de pronto a su templo (Malaquías 3:1). La miseria había llegado a su punto más alto y la sed del ser humano a su punto más profundo, haciendo indispensable la necesidad de un salvador.

Lo más asombroso, sin embargo, es que la desesperación de Zacarías no impidió que Dios interviniera y le concediera un hijo. Además, su hijo no era un hijo ordinario, pero como Cristo testificó, «entre los que nacen de mujer no hay ninguno mayor que Juan el Bautista» (Lucas 7:28). Del mismo modo, después de un largo período de silencio divino, la desesperación del pueblo no impidió que Dios interviniera y les concediera al Hijo de Dios. A su tiempo, Dios no concedió a la humanidad otro profeta o profecía, sino que el mismo Verbo se hizo carne, ¡el mismo Logos! La entrada de Cristo en el mundo en la carne fue la respuesta más profunda de Dios a la situación de la humanidad. ¡Fue el mejor regalo de la historia!

La visita del Angel a Zacarías, Luis Paret y Alcázar, Oleo sobre lienzo, 1786.

 

Amados, no pierdan la esperanza, por mucho tiempo que dure Su silencio. Porque a su tiempo Él definitivamente hablará y seguramente «hará todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3:20).

Hasta que Dios hable, Él trabajará. Muchos de nosotros sentimos que Dios no nos habla tan a menudo como quisiéramos, pero Dios en su perfecta sabiduría trabaja preparándonos y equipándonos para lo que va a compartir con nosotros. Su silencio nunca es inútil ni infructuoso. Dios nos encuentra ahí, usándolo para transformarnos antes de hablarnos, para que nos convirtamos en el tipo de individuos que Él desea. Él realiza su mayor trabajo en formar nuestras vidas, no a través de lo que recibimos de Él, sino a través de lo que nos convertimos cuando estamos en Él. Porque hay cosas particulares en nuestro carácter que no se refinan, purifican o maduran si no es mediante el fuego de Su silencio.

Esto es precisamente lo que aprendemos de las vidas de Zacarías y Elizabet. En una cultura donde la infertilidad significaba vergüenza para una mujer y ruptura para un hombre, seguramente Elizabet compartía la angustia y el dolor de Ana: «Soy una mujer profundamente afligida y desanimada» (1 Samuel 1:15). De la misma manera, seguramente Zacarías compartía la ira y el quebrantamiento de Abraham: «Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme si no tengo hijos…?» (Génesis 15:2).

Mientras que la vergüenza y el quebrantamiento podrían haberlos apabullado, Dios usó el período de silencio y las oraciones sin aparente respuesta para formarles el carácter de manera que se convirtieran en personas que aman a Dios con todo su corazón y por lo tanto pueden amar a su prójimo como a sí mismos. Porque permanecieron «íntegros delante de Dios y obedecían de manera irreprensible todos los mandamientos y ordenanzas del Señor» (Lucas 1:6), amando a Dios y sirviéndole en su templo. El amor de Zacarías por Dios también se desbordó como amor al prójimo. En una cultura en la que se permitía que un marido se casara con otra persona, especialmente si su esposa era estéril, Zacarías eligió permanecer fiel a Elizabet. Su amor por Dios le permitió ir más allá de su cultura y más allá de sus necesidades emocionales y físicas. Además, las exuberantes exclamaciones de alabanza a Dios de Elizabet y Zacarías revelaron la profundidad de su comprensión del asombroso plan de redención de Dios (Lucas 1:41-45, 67-79). De hecho, se habían convertido en colaboradores de Dios en su gran historia para la humanidad.

De manera similar, a través de su silencio con la humanidad, Dios usó la tutela de la ley (Gálatas 3:24) para aumentar nuestra sed de agua viva y prepararnos para aceptar a su Hijo amado. Fue «al cumplirse el tiempo señalado», el tiempo suficiente para hacernos el tipo de personas aptas para recibir su impresionante regalo de Navidad.

Amado, «no pierdan la confianza, porque esta será grandemente recompensada» (Hebreos 10:35 NVI). Dios seguramente hablará, y hasta que hable, Él trabajará, formándonos según su voluntad.