Grito de Júbilo

 

¿Dónde está Dios?, es una pregunta que no solo se encuentra en los labios de los escépticos, sino también en lo más profundo de los corazones de los creyentes, pues las circunstancias tienen una manera de probar aun las más fuertes voluntades y de afligir los corazones más piadosos; sin embargo, Dios les responde a ambos de verdad. ¿Por qué de verdad? Porque los seres humanos son más que capaces de crear dioses para ellos mismos.

 

Todos los que se formulan preguntas sobre Dios tienen una imagen de cómo es Dios. Muchos escépticos creen, por ejemplo, que, si Dios existe, Él sería más visible o ejerciera un mejor control; por otro lado, los cristianos, al creer que Dios hará todas las cosas para bien, esperan que Dios debiera hacer lo que ellos consideran que es bueno. En este marco, no importa qué tan complaciente o conveniente sea nuestra postura hacia Dios, si no está basada en la verdad, finalmente será invivible, pues el alma humana se pudre cuando la mente se conforma con mentiras, entonces, abandonados a nuestra propia suerte, permaneceremos cegados por las mismas cosas que necesitamos ver desesperadamente.

 

Entonces, necesitamos una visión de Dios, tal como es Él realmente, y la pasión de buscar seguir la vida como debe ser vivida. Ambos nortes son dados en Cristo Jesús. Es hacia Él que las Escrituras, como toda la historia humana, señalan.

 

El profeta Isaías, cuyo nombre literalmente significa el Señor salva, traza una visión de esperanza en sus ancestrales palabras y nos invita a maravillarnos en la belleza de Dios. En el libro de Isaías, vemos a Dios mismo manifestándose en tres diferentes formas:  

 

Primero, Dios defiende la rectitud y la justicia ante la degradación moral (Isaías 1-39). Dios es santo y Él juzgará el pecado.

 

Segundo, Dios ofrece perdón como regalo para los que no se lo merecen (Isaías 40-55). El juicio de Dios no es simplemente para mostrar que la humanidad ha caído. La severidad de su juicio sirve para demostrar la magnitud de su gracia. El juicio de Dios no necesita explicación. Su corazón para redimir a los rebeldes, sin embargo, sigue siendo un misterio.

 

Tercero, Dios permanece comprometido con perfeccionar a la humanidad, a pesar de la depravación humana (Isaías 56-66). Dios, en su santidad, no solo reivindica y reclama a los pecadores, sino que también los redime para hacerlos santos.

 

Durante más de seis décadas, Isaías imploró a su pueblo que conozca a Dios y lo espere con paciencia y expectativa e incluso con alegría; sin embargo, aquello no era del agrado de la población. Mantener la paciencia, esperanza y alegría no es tarea fácil, la gente esperaba que Dios que Dios los librase del yugo dominante y que aplaste la cabeza de sus opresores. Dios lo hizo, pero no de la manera en que ellos esperaban. Aquellos anhelaban un rey triunfante; sin embargo, Dios se hizo rey en el siervo sufriente, una paradoja que la mente humana nunca entenderá completamente.

 

A pesar de que algunos sostienen que lo que vemos argumenta en contra de la existencia de Dios, es posible creer que hay un Dios por lo que vemos a nuestro alrededor. Con todo ello, no necesitamos conformarnos con lo natural, lo que los teólogos llaman revelación general, como nuestra guía, pues Dios mismo ha hecho posible que conozcamos la verdad de quien es Él en la persona de Jesús, la revelación especial. Así, con la venida de Jesús, el Dios invisible se encarnó: “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14) y, entonces, la humanidad tuvo un privilegio sin precedentes: el conocer a Dios por lo que Él realmente es, tal como registró el apóstol Juan.

 

Al reflexionar sobre la vida de Jesús, empezamos a apreciar el ordinario establo en donde fue cobijado, el cual señala la humildad con que Dios alcanzó al mundo para que pueda venir hacia Él. La cruz, lugar en donde murió Jesús, da señal de su perdón que todos nosotros, aún sin merecerlo, necesitamos desesperadamente y podemos recibir con libertad. Asimismo, la tumba vacía vindica a Jesús, pues Él es quien dice ser: el Dios viviente. La resurrección evidencia que cada persona de cualquier lengua o nación debe venir a Jesús, pues la vida eterna se encuentra solo en Él.

 

Pueda parecer incrédulo creer en un Dios que es soberano y benevolente cuando el mundo parece estar girando fuera de control, pero no lo es en realidad. Fíjese en la plegaria de Isaías.

 

¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion… Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro (Isaías 52:8,10).

 

Cuando nos sumergimos en la maravilla de quién Dios es, los incrédulos ceden paso a lo increíble, satisfaciendo tanto al corazón y a la mente. Jesús nos invita a venir hacia Él para escucharlo y ver que Él es quien dice ser, a fin de saber la verdad de quién Dios es. Podemos aprender a confiar que Dios es bueno y vivir en la esperanza de que Él rehará todas las cosas para bien. Que esta promesa nos haga alzar nuestras voces y gritar de júbilo, incluso hoy.

 

Jose Philip
Jose Philip

José es un orador itinerante con base en Singapur y también da conferencias sobre apologética, ética cristiana y evangelio y cultura en tres universidades distintas.

 

 

Traducción voluntaria por Alex Tapullima

Photo by rosario janza on Unsplash