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Hambre de Esperanza: un tiroteo en el trabajo, el COVID-19 y nuestros mayores anhelos – RZIM Latam

Hambre de Esperanza: un tiroteo en el trabajo, el COVID-19 y nuestros mayores anhelos

 

¿Importa la esencia real de nuestra fe y esperanza? ¿O es su contenido prescindible? Daniel Gilman explora esta pregunta en medio de un tiempo sin precedentes en la historia.

 

Por Daniel Gilman

 

Un terrorista irrumpió en Parliament Hill, la sede del parlamento canadiense, el 22 de octubre de 2014. Inmediatamente indicaron un cierre de emergencia a todos los que trabajamos allí. La Policía de Canadá entró en mi oficina, nos llevó a mi colega y a mí a una pequeña habitación sin ventanas, nos dijo que mantuviéramos las luces apagadas y que permaneciéramos en silencio. Las horas pasaron mientras nos sentábamos en la oscuridad. Aunque estábamos sin comida ni agua, estábamos llenos de mucho miedo y muchas incógnitas.

 

Más tarde ese mismo día, después que algunas restricciones se levantaron, nos llevaron a una sala parlamentaria más grande, con parlamentarios, diputados y personal de los distintos partidos políticos. Empezamos a mezclarnos e intercambiamos historias del día, mientras esperábamos aún encerrados. Los televisores se iluminaron con declaraciones de líderes nacionales. Me intrigó que varios líderes hicieron declaraciones llamando a los canadienses a seguir adelante con fe y esperanza.

 

Me preguntaba: “¿Importa la esencia real de nuestra fe y esperanza? ¿O es su contenido prescindible?”

 

Esas preguntas me hicieron recordar a unas malas vacaciones que tuve unos días antes. Era el Día de Acción de Gracias en el 2014, y junto con varios amigos fuimos a lo que se suponía que era un pintoresco paseo por las colinas de Gatineau. Una de mis amigas estaba en las últimas etapas de su embarazo. Mientras caminábamos por el sendero boscoso, nos preguntamos si ese camino regresaba al principio o si nos llevaría más lejos en el bosque. El esposo de mi amiga embarazada bromeó: “Sí, da vueltas. Eso creo. Yo espero que sí. Sí, sí lo hace». Caminamos. Se hizo más oscuro. Su esposa necesitaba dejar de caminar porque necesitaba ir al baño. Y todos necesitábamos llegar a casa. Discutimos si deberíamos dar la vuelta o no y volver sobre nuestros pasos, pero el esposo, sinceramente convencido de su creencia, insistió en que estaríamos mucho más cerca de la entrada si seguíamos caminando hacia adelante.

 

Caminamos más y la oscuridad lo envolvió todo. Finalmente, nos abrimos paso a través de los árboles y encontramos un camino pavimentado, logramos parar a un automóvil que pasaba y regresamos al estacionamiento. Todo salió bien, pero el viaje de regreso con esta pareja fue ciertamente incómodo. Ese día experimenté que las consecuencias de lo que creemos determina qué camino tomamos, y no todos los caminos son igualmente válidos.

 

¿Cuál es la forma de nuestra esperanza?

 

Hoy estamos en otro momento oscuro, con muchas incógnitas. El distanciamiento social y el autoaislamiento no son lo mismo que un cierre de emergencia, o que estar perdidos en un camino boscoso. Pero hay similitudes. Es tentador decir en este momento que solo necesitamos fe y esperanza, pero en lo que ponemos nuestra esperanza determinará la dirección de nuestras vidas, y eso es importante.

 

El impacto desgarrador, que altera la vida y da forma a la dirección de lo que ponemos nuestra esperanza es ilustrado de una manera inquietante por el psicólogo influyente, sobreviviente del holocausto, Viktor Frankl. En “El hombre en busca del sentido”, registra cómo un compositor sumamente experto le confió su esperanza de rescate. Una voz en un sueño le había dicho al compositor que serían liberados de Auschwitz el 30 de marzo de 1945. Estaba sincera y genuinamente convencido en que debía confiar en la voz de su sueño. El 29 de marzo de 1945, cuando quedó claro que la liberación no se realizaría, el hombre se enfermó. El 31 de marzo, cuando el día profetizado vino y se fue, el hombre murió. Su esperanza le había fallado.

 

Hace 3000 años, el rey de Israel, Salomón, anticipó las terribles consecuencias de la esperanza fallida cuando escribió: «La esperanza que se demora es tormento del corazón[1]«. Con razón, esto lleva a la pregunta: ¿Estaríamos mejor simplemente sin esperar nada? Esta es precisamente la visión de varias líneas principales del budismo, incluida la de Theravada. El objetivo del budismo es disolverse en el nirvana. Un componente clave del camino hacia esto es la extinción del deseo[2].

 

La esperanza está íntimamente conectada con el deseo. Los budistas ayunan, en parte, para desapegarse del deseo y, con ello, de la esperanza. La esperanza es lo que sucede cuando combinas un deseo con algo que piensas querealmente puede suceder, un hecho que lo distingue de un simple deseo. Por ejemplo, estoy escribiendo este artículo desde mi casa en el piso 28 de mi edificio de apartamentos. Tengo un deseo infantil de volar desde mi balcón y sobre el horizonte de Toronto. Sin embargo, llamar a esta esperanza no sería exacto porque no tengo ninguna expectativa realista de poder volar. Por el contrario, hay muchas cosas que espero que sucedan, pero no deseo, más remakes de los clásicos de Disney, por ejemplo. Como no lo deseo, no puedo decir que le tengo esperanza. Pero deseo que esta pandemia global termine, y por muchas razones concretas podemos esperar que suceda, y así puedo decir: Tengo esperanza de que esto termine.

 

Los cristianos ayunan por la razón opuesta a los budistas. Los cristianos reconocen que hay hambre y anhelos de muchas cosas dentro de cada uno de nosotros. Estas nos alertan sobre el hecho de que necesitamos algo. Cuando tengo hambre de comida, es porque necesito nutrirme. Ayunamos porque a veces nuestros anhelos, esa hambre, se desordena. Nuestra hambre por cosas buenas es secuestrada por el hambre de cosas tóxicas, o algunas veces se ve opacada y satisfecha por cosas buenas o neutrales que en realidad no pueden satisfacer nuestras necesidades biológicas, emocionales o espirituales. Si los budistas ayunan para erradicar el deseo, los cristianos lo hacen para fortalecer el deseo piadoso.

 

El papel crucial que desempeña el hambre en la búsqueda de fuentes viables de nutrición fue ilustrado por la tragedia que tuvo lugar en la década de 1960. China cayó en una horrible hambruna. Los informes indican que hasta 36 millones de personas murieron de hambre. En la provincia de Gansu, la gente descubrió que podían recoger caolín, una arcilla que podían hornear en una consistencia parecida al pan. Satisfacía su hambre, pero no tenía ningún tipo de nutrientes. Con el estómago lleno, murieron de inanición. Lo que esperaban que los iba a satisfacer, los mató. Lo que se necesitaba, aunque era probablemente imposible, era que se satisficieran y no que aplacaran su hambre.

 

He tenido el honor de caminar junto a amigos tratando de liberarse de la adicción a la pornografía. El impulso del adicto casi siempre es tratar de aliviar sus deseos, pero mi papel era continuar apuntándolos a deseos más grandes y mejores. El autor C.S. Lewis escribió en su famoso y magnífico ensayo, «El peso de la gloria»[3]:

 

“Parece como si Nuestro Señor encuentra que nuestros deseos no son demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas sin entusiasmo jugueteando con alcohol y sexo cuando se nos ofrece gozo eterno, como un niño ignorante que quiere seguir haciendo castillos de barro en un barrio pobre porque no puede imaginar lo que significa la oferta de unas vacaciones en el mar. Somos muy fáciles de satisfacer”.

 

Lo que realmente deseamos, en lo que tenemos fe y en lo que esperamos, sale a la luz en los momentos más difíciles. En los días oscuros que siguieron al tiroteo en Parliament Hill, me encargaron dirigir un servicio de capilla y ofrecer un elogio para el cabo Nathan Cirillo, el soldado canadiense que había muerto en el ataque terrorista en Ottawa el 22 de octubre de 2014. Cuando leí sobre este joven soldado, me enteré que asistía regularmente a una iglesia que realiza continuamente una antigua oración que los cristianos han dicho a lo largo de los siglos: “Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá de nuevo». Diez palabras. Tres oraciones. Una esperanza.

 

Las primeras dos oraciones son sobre un evento en la historia. Testigos oculares, fuentes hostiles, fuentes poco probables forman un caso históricamente convincente de que Jesús realmente murió y volvió a la vida. Esta realidad histórica funda la tercera oración de anhelo en esperanza expectante: Cristo vendrá de nuevo. Dado que Jesús pudo cumplir su palabra de hacer lo imposible y regresó de entre los muertos, de acuerdo con su promesa y profecía bíblica; entonces, se puede confiar en que cumplirá su palabra y cumplirá la profecía bíblica para hacer lo imposible y volver. Hay una famosa profecía sobre la esperanza en la Biblia. Isaías 40:31 está impreso en tazas de café, incluido como subtítulos en las fotos y citado con bastante frecuencia. Pero al crecer sentí mucha presión de este verso poético:

 

“pero los que esperan a Jehová,

tendrán nuevas fuerzas;

levantarán alas como las águilas;

correrán, y no se cansarán;

caminarán, y no se fatigarán.”

 

A menudo citamos solo esa parte de la profecía, y cuando lo hacemos, ejerce presión sobre nuestra capacidad para conjurar la esperanza. De niño me preguntaba: ¿son mi esperanza y mi fe lo suficientemente fuertes? Pero la profecía, en realidad, basa nuestra confianza, no en cuán fuerte es nuestra esperanza, sino en cuán fuerte es el objeto de nuestra esperanza, es decir, en Dios. Aquí está ese versículo en contexto, Isaías 40 27-31:

 

¿Por qué dices…

Mi camino está escondido de Jehová,

y de mi Dios pasó mi juicio?

¿No has sabido,

no has oído

que el Dios eterno es Jehová,

el cual creó los confines de la tierra?

No desfallece, ni se fatiga con cansancio,

y su entendimiento no hay quien lo alcance.

El da esfuerzo al cansado,

y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.

Los muchachos se fatigan y se cansan,

los jóvenes flaquean y caen;

pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;

levantarán alas como las águilas;

correrán, y no se cansarán;

caminarán, y no se fatigarán.”

 

Jesús dijo que si tenemos una fe tan pequeña como una semilla de mostaza (¡que es una semilla muy, muy pequeña!) es suficiente. Deseo que la pandemia global termine pronto. No sé si lo hará. Mi esperanza está en Dios: que Él estará con nosotros tanto en la enfermedad como en la salud, en nuestro miedo e incertidumbre. Mi esperanza es que Jesús regrese pronto, y que limpie nuestras lágrimas. Él vencerá la injusticia, la enfermedad y la muerte. En palabras de mi colega Alanzo Julian Paul, «Cuando Jesús regrese, inundará nuestro sufrimiento momentáneo con su gozo infinito».

 

El Reverendo Daniel Gilman tiene un background en justicia, política, desarrollo de liderazgo y predicación expositiva. Le apasiona la credibilidad de la Biblia, la evidencia histórica de la resurrección y cómo solo el Dios cristiano lleva las marcas del mal.

 

 

 

 

Traducción voluntaria por Sol Acuña

 

Notas:

[1] https://www.biblegateway.com/passage/?search=Proverbios+13%3A12&version=RVR1960

[2] https://www.britannica.com/topic/nirvana-religion

[3] https://www.amazon.ca/peso-gloria-Spanish-C-Lewis-ebook/dp/B010R4KZUS/ref=sr_1_1?keywords=el+peso+de+la+gloria&qid=1586837753&sr=8-1