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La intercesión de los creyentes – RZIM Latam

La intercesión de los creyentes

La oración intercesora ante la pandemia que enfrentamos.

Los que conocemos y creemos en el Dios de la Biblia, sabemos que la oración es un privilegio y una responsabilidad que tenemos.  En esta hora crucial para la humanidad, somos llamados a orar e interceder por la situación que miles y miles de personas viven debido a esta nueva enfermedad que azota literalmente a todo el mundo. Pero ¿funciona la oración?  La Biblia nos dice que sí, que Dios la escucha y la responde.  Las Escrituras mencionan varios ejemplos de respuestas divinas y también en la actualidad muchas personas alrededor del mundo pueden dar testimonio de esto.

 

 

El apóstol Pablo le enseña a Timoteo y a nosotros lo siguiente: “Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad. Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad.”  1 Timoteo 2:1-2 (Dios Habla Hoy).

 

Hoy más que nunca tenemos el deber de interceder por el mundo en el que vivimos.  El virus que enfrentamos nos está demostrando que no hay fronteras geográficas ni barreras sociales pues la enfermedad Covid-19, está llegando a todos los países y alcanzando a todo estrato social. Notemos que el apóstol nos llama a orar e interceder por toda la humanidad, no solamente por mi familia, mis amigos, mi país, sino por toda la humanidad (1 Ti.2:1).   Al enseñarnos sobre la oración, Pablo nos menciona cuatro tipos o clases: peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias.  El teólogo William Hendriksen [1] nos explica las sutiles diferencias entre estas cuatro categorías.

 

En primer lugar, peticiones. Uno hace una petición a una persona superior, en autoridad. Debemos de acercarnos a Dios reconociendo que es la autoridad máxima, el Creador de los cielos y la tierra, para pedirle por la salvación de todas las personas del mundo.  El apóstol Pedro nos dice que Dios no quiere que nadie se pierda y por eso es paciente y da oportunidad a todos para que se salven. [2]

 

En segundo lugar, oraciones. La palabra oración es un término más general que se utiliza para acercarse a Dios trayendo nuestras necesidades, quizás en este contexto puede tratarse de pedidos recurrentes. Es decir, las necesidades que siempre están presentes como pedir más sabiduría en la vida, una mayor consagración o que se haga verdadera justicia en nuestra sociedad, entre otras.

 

En tercer lugar, súplicas. Esta palabra trae una carga más fuerte, implica rogar, interceder a favor de alguien, buscando su bienestar, su sanidad.  Esto es lo que debemos hacer como creyentes en este momento, interceder por todas las personas que están sufriendo de esta enfermedad, por aquellos que están ansiosos o deprimidos por el aislamiento social, por aquellos que pasan hambre por no poder salir a trabajar debido a la cuarentena obligatoria que se lleva a cabo en varios países.  Además, el verso 4 de 1ra de Timoteo 2, nos dice que debemos interceder especialmente por la salvación de todos los seres humanos, para que “lleguen a conocer la verdad”, esa verdad es Jesús y su obra redentora realizada en la cruz (verso 6).

 

La última categoría es la de dar gracias. Al acercarnos a Dios debemos de ser agradecidos.  Es nuestro Padre celestial quien nos da la vida, el sustento diario y también provee para nuestras necesidades espirituales.  Debemos reconocer que no siempre somos agradecidos con Dios por todos los beneficios que recibimos de Él.

 

El verso 2 del pasaje nos precisa que se debe de orar, interceder, suplicar y agradecer por nuestros gobernantes, por todas las autoridades.  Pablo le dice a Timoteo que debe enseñar a orar y agradecer por el emperador, y ¡recordemos que en ese momento gobernaba Roma nada menos que Nerón!  Hoy en día podemos tener presidentes no muy eficientes, algunos con tendencias autoritarias, quizás corruptos, pero no creo que se comparen a Nerón.  Debemos orar por nuestros presidentes, ministros, congresistas, jueces, alcaldes, por toda autoridad.  En este preciso momento necesitan sabiduría e inteligencia para tomar buenas decisiones a favor de nuestros pueblos y sobre todo para que puedan asistir a los más necesitados.

 

Como iglesia de Cristo, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”. [3]  Y una de las tareas del sacerdote en el Antiguo Testamento era la de interceder por el pueblo. Esto se representaba con el incienso que ellos debían poner delante del arca del pacto.  El incienso simboliza las oraciones que elevamos a Dios por nosotros, su pueblo, pero también por la humanidad.  Tenemos que hacer lo que Moisés le manda a Aarón en Números 16:46-48.  El pueblo de Israel se había rebelado, una vez más contra Dios y lo establecido por Él (en este caso que sean dirigidos y gobernados por Moisés y Aarón como sus representantes).  El Señor envía una “mortandad” (RVA), “plaga” (DHH, NTV).  Esto es un castigo de Dios contra un pueblo duro de corazón, que no recordaba todas las bondades que había mostrado, su liberación de Egipto con grandes señales y milagros espectaculares.  Al comenzar la plaga, produjo una gran mortandad entre el pueblo.  Moisés le dice a Aarón (el sacerdote) que tome incienso y fuego del altar en su incensario, y que vaya entre el pueblo para hacer expiación por ellos.  Luego nos dice el verso 48, “Luego se colocó entre los que ya habían muerto y los que todavía estaban con vida, y la plaga se detuvo” (DHH).

 

Por la manera en la que Jesús responde a una tragedia en su tiempo (Lucas 13), vemos que sería inapropiado decir que el Covid-19 es un castigo de Dios.  Sin embargo, el rol de la iglesia sigue siendo el mismo:  suplicar por todas las naciones, y como siempre, compartir un mensaje de consuelo, de llamar al arrepentimiento, y a volverse al Creador, que es nuestra mayor necesidad. Más aun, debemos de estar listos para servir al prójimo y mostrar de manera práctica el amor de Dios.

 

 

Pedro Gismondi es Director Ejecutivo para RZIM Latinoamérica. Pedro fue pastor y misionero por 22 años antes de ser parte de RZIM. Casado con Laura por 26 años, tienen dos hijas universitarias y residen en Lima, Perú.

 

 

 

[1]  Hendriksen, William. Comentario Bíblico 1 y 2 Timoteo y Tito, Libros Desafío, 2006.

[2]  2 Pedro 3:9

[3]  1 Pedro 2:9

[4]  Santiago 5:16 b