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¿Por qué Dios no es más obvio? – RZIM Latam

¿Por qué Dios no es más obvio?

Por Tom Price

 

¿Por qué es que Dios no parece mostrarse de una forma mucho más obvia? Una respuesta ha sido que la existencia de Dios no es una cuestión de la realidad ni de hechos. En cualquier caso ¿no es más bien una posición de fe? ¿No se trata más de dar un salto en la oscuridad en lugar de dar un abrazo a la evidencia?

Estaría de acuerdo en que Dios «no se muestra a la fuerza», pero no creo que esto limite a Dios a ser una cuestión de fe como de «tómalo o déjalo». Creo que tiene más sentido ver a Dios como claramente visible, sin ser forzosamente obvio.

¿Sabías que la Biblia reconoce la validez de esta pregunta? Pues, vemos pasajes que afirman la percepción humana de que Dios pareciera estar oculto. En Job 23:8-9 dice: ‘‘Pero si voy hacia el oriente, él no está allí; y si voy al occidente, no logro encontrarlo. Si está ocupado en el norte, no lo veo; si se vuelve al sur, no alcanzo a percibirlo’’.

La Incredulidad de Tomás, Hendrickter Brugghen. Óleo sobre Lienzo. 1622

Es interesante que existan muchos ejemplos acerca de Dios que aparentemente está escondido, y que luego, al mismo tiempo se muestra presente. (1) Por ejemplo, leemos que, «el pueblo se mantuvo a distancia, mientras que Moisés se acercó a la espesa oscuridad donde estaba Dios», asimismo que, «Jesús, invita a la gente a confiar en él y luego se va y se esconde». Además, en Juan, encontramos la historia de un paralítico que es sanado, pero luego Jesús se escabulle entre la multitud. También, Lucas registra que a medida que se difunde la noticia de Jesús, «él a menudo se retiraba a lugares solitarios». De esta manera, Jesús les dice a los discípulos, «dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán». Es interesante que en muchos de estos casos, Dios proporciona un claro sentido de estar presente, mientras que al mismo tiempo oculta la plenitud de su presencia.

Así que quizás una parte inevitable de la respuesta de la Biblia respecto a por qué Dios parece estar oculto es porque es verdad. ¿Pero por qué? ¿Y qué hay de esos momentos de los cuales necesitamos más de un Dios presente, cuando de pronto nos podría ofrecer una esperanza real en tiempos de sufrimiento?

Bueno, cuando Jesús se resistió ante la multitud, ocultó su identidad hasta el momento preciso para luego revelarla explícitamente. Fue una decisión sabia, ya que las consecuencias de revelarse de manera más explícita u obvia condujeron rápidamente a una campaña exitosa para que lo ejecuten. ¿Podría ser que Dios no sea inevitablemente obvio, pero evidente en un sentido más cualificado? Crucialmente, tampoco hay ninguna razón por la que algo de esta naturaleza no requiera algún aprendizaje para empezar a percibir o ver por nuestra parte.

Por ejemplo, imagínate que yo te dijera que es obvio (sin forzar), que necesitarás tu pasaporte para viajar internacionalmente. Ahora, ten en cuenta que tienes que conocer esta información. Ciertamente no es como una pared de ladrillos en frente tuyo que no se pueda evitar. Sin embargo, aun así sería un caso de fracaso en la comprensión de lo obvio si llegaras al aeropuerto con tus maletas hechas pero sin tu pasaporte. Es este segundo sentido (de obviedad no forzada o claridad evitable) que el caso de Dios puede ser abordado con confianza.

Pero, ¿podría esta idea de un Dios oculto proporcionar una forma inteligente para que los cristianos se aferren a él en una época de demanda científica y de evidencia? Esto ha sido argumentado. No obstante, los cristianos no afirman que Dios no se muestra, sino que Dios elige los medios para mostrarse. Y el ocultarse puede ser necesario para enfocar la forma en que Dios declara su existencia a través de Jesucristo. De hecho, el ocultamiento divino crea la posibilidad de una revelación o descubrimiento más obvio.

El ateo Bertrand Russell dijo sarcásticamente que si se enfrentaba a Dios cuando muriera, exigiría una explicación de por qué Dios hizo que la evidencia de su existencia fuera tan insuficiente. Podríamos ser tentados en pensar que esto es completamente razonable, pero tal vez la evidencia que exigimos de Dios está directamente relacionada con quién creemos que es Dios y cuáles son sus propósitos. En que Dios se oculte no tendría sentido si su objetivo fuera simplemente relacionarse con nosotros como un objeto de conocimiento que no ofrece ninguna conexión relacional real o ni siquiera una amistad. Si este fuera el propósito divino — que simplemente reconociéramos la existencia de Dios — entonces estoy de acuerdo con la demanda de Russell de que deberían existir más pruebas.

Pero asumamos que Dios no está dispuesto en mostrarse a la vida humana simplemente a través del intelecto. En vez de eso, imaginemos que Dios está buscando una relación que se basa en una percepción o entendimiento personal más profundo. ¿Alguna vez te has preguntado qué tipo de relación podría querer Dios contigo?

Pues, Dios se ha revelado claramente en la realidad de un plan y una acción redentora. El evangelio se describe como un misterio que ahora se da a conocer. Muchos cristianos pueden recordar momentos, o incluso temporadas que abarcan años, en los que Dios ha estado clara y llanamente actuando, y sus vidas se han saturado con la presencia y la gracia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La fe no es una fe ciega, sino una respuesta a la evidencia. Se basa en hechos reales que pueden ser investigados. Un salto en la oscuridad nunca ha sido la oferta, sino más bien se ha tratado de dar un paso hacia la luz.

Así que tal vez la evidencia que exigimos es una consecuencia de lo que pensamos que es Dios y de lo que son sus propósitos. Si Dios te ama y quiere que elijas libremente corresponder a ese amor, entonces tal vez enviar a su Hijo por ti es suficiente para llamar tu atención.

Tom Price
Tom Price
Conferenciante de The OCCA y orador itinerante de RZIM. Tom es un apasionado de la filosofía y la teología que valora fundamentalmente al individuo y se compromete con las serias objeciones y preguntas sobre la vida y las creencias religiosas.

 

(1) Citas: Salmo 10:1; 22:1-2; 30:7; 44:23-24; 88:13-14; 89:46; Isaías 45:15.

 

Traducción voluntaria por Dámaris Olaya.