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¿Por qué le importa a Dios mi sexualidad? – RZIM Latam

¿Por qué le importa a Dios mi sexualidad?

Por Martín de la Flor

Hace unos años estábamos realizando una serie de conversatorios en una reconocida universidad peruana. Al terminar una de las conferencias, se me acercó una estudiante y me preguntó: “¿por qué a Dios le importa mi vida sexual?”. Al conversar con ella, me dijo que venía de un contexto muy religioso y restrictivo. Debido a sus experiencias de vida, ella veía a Dios como un dictador celestial.

 

Precisamente, recuerdo cuando Richard Dawkins, el famoso biólogo y autor ateo, formuló esta pregunta en su debate con John Lennox, en la Universidad de Oxford. Dawkins expresó que “posiblemente puedas persuadirme de que hay una fuerza creativa en el universo, un genio matemático o físico que creó todo, pero eso es radical y fundamentalmente incompatible con el tipo de Dios que se preocupa por lo que haces con tus genitales”.

 

Ahora bien, antes de responder aquello, quiero dejar en claro que esta pregunta tiene múltiples matices. Para algunos es intelectual, para otros es profundamente personal. Quiero tener esto en mente mientras escribo este artículo y reconocer de antemano que no podré dar una respuesta total a esta interrogante.

 

Entonces, ¿por qué le importa a Dios tu vida sexual? Muchas personas dicen “no me importa lo que dos personas hagan en la privacidad de su cuarto”. Decimos que no nos importa, pero la verdad es que a todos nos importa.

 

En una ocasión estaba en una cafetería con unos amigos. Personas que no veía hace tiempo y algunos que no conocía. Estábamos hablando acerca de la vida cuando empezamos a hablar de las personas con las que salíamos. Una chica nos dijo que estaba saliendo con su entrenador del gimnasio. Dijo que era increíble, porque de esa manera conseguía entrenador gratis. Todos nos reímos. Luego nos dijo que el hombre estaba casado y que tenía una hija de seis años. Lo que este hombre le estaba haciendo a su familia era indescriptible. El adulterio es algo que la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que no debería suceder. Ahora bien, la mayoría puede estar de acuerdo en que la infidelidad está mal y no deberíamos usar nuestra sexualidad de esa manera, pero “¿qué tiene de malo una relación con amor y consentimiento?”.

 

Por lo general, se acepta que engañar a la pareja, el abuso sexual o tener relaciones sexuales con menores son cosas que no deberían suceder. Ahí es donde la mayoría de nosotros señalamos límites. Es posible que no siempre estemos de acuerdo sobre las reglas o dónde colocar restricciones, pero todos limitamos nuestra sexualidad de una forma u otra.

 

¿Por qué colocamos estos límites? ¿nacen de una necesidad de control? Creo que estos límites nacen del amor, de la preocupación sincera por el bienestar de las personas, no porque las relaciones sexuales estén mal o sean sucias, sino porque queremos que sean disfrutadas en su contexto adecuado, sin que nadie sea lastimado.

 

A Dios le interesa la sexualidad de las personas, porque a Dios le importan las personas. Dios ama a mi amiga, al entrenador con el que sale, a su hija de seis años y a su esposa. Además, Dios te ama y se preocupa por ti.

 

Ahora bien, la posición cristiana sobre la ética sexual se aprecia como demasiado tradicional, arcaica o aburrida para muchas personas e incluso puede ser considerada hiriente para otras. Tal situación no debería generar sorpresas. Así como existen numerosas coincidencias entre las culturas, hay divergencias sobre algunos puntos también. En tal sentido, todas las culturas restringen la sexualidad de una forma u otra, pero generalmente no están de acuerdo sobre dónde colocar ese límite.

 

En ese marco, si Dios es Dios, no debería sorprendernos que desafíe a todas las culturas, incluyendo la nuestra, en algún nivel, lo cual nos lleva a la siguiente cuestión, ¿por qué estamos tan seguros de la ética sexual occidental del siglo XXI? Vivimos en una cultura que valora la libertad, es decir, sin restricciones, “haz lo que quieras con tu vida”, pero la pregunta fundamental es para mí, “¿por qué queremos la libertad” y, sobre todo, “¿de qué queremos ser libres?”. 

 

La cultura actual nos dice que en nuestra libertad sexual encontraremos felicidad y plenitud; sin embargo, en nuestra búsqueda de autonomía, nos hemos olvidado de la intimidad, del compromiso, incluso del amor. Buscamos la libertad, pero terminamos esclavizados a comportamientos y relaciones que creemos que nos harán felices, pero nunca lo hacen, nunca nos llenan. Ansiamos satisfacción, pero terminamos sintiéndonos vacíos. Un vacío que nada en este mundo puede satisfacer. Me pregunto si tal vez hemos perdido el significado original de nuestra sexualidad.

 

Creo que tenemos que volver a nuestro Creador para recuperar una imagen de la sexualidad que conduzca a la plenitud en lugar del vacío. La Biblia habla de un tipo especial de unión: un hombre y una mujer convirtiéndose en una sola carne, dos personas convirtiéndose literalmente en una. Un vínculo espiritual distinguido por el amor, pero —más importante aún— una unión que refleja el amor de Dios por nosotros. A Dios le importa tu vida sexual, porque te ama y se preocupa por ti. Él desea que tú puedas disfrutar de tus relaciones, de tal manera que no conduzcan al vacío, sino a la plenitud.

 

 

 

Martín de la Flor es psicólogo graduado de la Universidad Cayetano Heredia y es voluntario en formación apologética de RZIM LATAM.