Qué es lo que nuestra respuesta a la Pandemia revela sobre nuestras creencias

 

 

Por Xandra Carroll

 

Porque a mis ojos eres de gran estima, eres honorable y yo te he amado” –Isaías 43:4

 

Una mujer sabia me dijo una vez: «Nunca se sabe lo que hay en una taza hasta que se golpea la mesa». La irrupción de un nuevo coronavirus en la comunidad mundial es chocante, y muchos de nosotros estamos viendo cómo nuestros pensamientos, deseos, miedos y sueños se derraman sobre la mesa y, a veces, nos sorprende lo que aparece allí. A nivel global, nuestra respuesta a esta pandemia revela profundas verdades sobre cómo los seres humanos nos valoramos mutuamente.

En su conferencia de 1992 en la Universidad de Cambridge, Stephen Hawking declaró que tenía un solo temor por la humanidad: que la selección natural era realmente el medio por el cual habíamos llegado a este planeta. Hawking no ignoraba las consecuencias lógicas de su propia filosofía. Él razonó que, si la selección natural fuera el medio por el cual las especies progresan, nuestra persistencia en este planeta esto significaría un profundo nivel de agresión natural en la raza humana. Hawking a menudo aludió a esto cuando habló de nuestra necesidad de movernos a otros planetas para evitar destruirnos unos a otros. Está lejos de estar solo en esta visión de los orígenes del ser humano. Muchas personas alrededor del mundo sostienen esta manera de pensar; un punto de vista llamado «naturalismo». [1]

 


A nivel global, nuestra respuesta a esta pandemia revela profundas verdades sobre cómo los seres humanos nos valoramos mutuamente.


 

 

El naturalismo es la teoría de que todo lo que vemos en la realidad se basa en causas naturales, y no en causas sobrenaturales. [2] Si miramos a través de la lente del naturalismo, vemos que los seres humanos son animales altamente evolucionados; y que los conceptos metafísicos como «amor» y «justicia» son, en el fondo, nuestros propios inventos. Esta filosofía ha resultado un subproducto, en parte, del concepto científico conocido como «supervivencia del más apto». La “supervivencia del más apto” se refiere a la supervivencia de los organismos que están mejor adaptados a su entorno. Esta frase se usa a menudo para resumir la teoría de la selección natural. [3] La selección natural se entiende comúnmente como el proceso por el cual los mejor adaptados, o «fuertes«, se conservan naturalmente en una población, mientras que los «débiles» mueren. [4] [5] Este proceso natural sirve para mantener a las poblaciones robustas porque los «fuertes» producen descendencia para la próxima generación. [6]

Como alguien que ha pasado años realizando investigaciones biológicas y que también ha recibido una formación clásica en filosofía, entiendo las idas y venidas de la dinámica poblacional, pero también aprecio un dilema filosófico: si el naturalismo es cierto, ¿por qué estamos luchando contra él? El naturalismo nos dice que dejemos que los débiles sean asesinados y que los fuertes sobrevivan. Sin embargo, en este momento de pandemia, las culturas de todo el mundo están trabajando muy fuertemente para proteger a los vulnerables.

Ciertamente, hay algunos casos marginales que muestran un evidente desprecio por la vida humana. Por ejemplo, miles de «viajantes de primavera» (springbreakers) se dirigieron a vacacionar a Florida, de manera que se convirtió en un punto de alto contagio para el virus. [7] Algunos compradores están comprando todos los comestibles, sin dejar ninguno para aquellos con ingresos escasos. Otros han sido sorprendidos especulando con el precio del desinfectante de manos y las mascarillas faciales. [8] [9]

Sin embargo, el mantra general del mundo en general parece ser «protejamos a los vulnerables». COVID-19 ofrece una oportunidad única para cualquier población que progresa bajo la selección natural porque el virus se dirige a individuos de edad avanzada e inmunocomprometidos, dejando a otros en gran medida no afectados. [10] Sin embargo, básicamente todos los países se están moviendo directamente en contra de este llamado «proceso natural» y, por lo tanto, está claro que nosotros, como sociedad, no creemos en las afirmaciones que nos ofrece el naturalismo.

 


 

Si el naturalismo es cierto, ¿por qué estamos luchando con uñas y dientes contra él? ¿Por qué tantos creen teóricamente en el naturalismo, pero lo abandonan en la vida práctica?

 


 

¿Por qué tantos creen teóricamente en el naturalismo, pero lo abandonan en la vida práctica? Quizás lo rechacemos porque nuestros recuerdos aún tienen las cicatrices de la historia, cuando las sociedades en general emplearon la supervivencia del más apto para su propia gente. Las fotografías en blanco y negro del programa de eugenesia nazi y las hileras de calaveras que siguen al reino de terror de Idi Amin todavía danzan en nuestras mentes. Si no creemos en el naturalismo, entonces en ¿qué creemos? Una gran parte de la respuesta vuelve a la filosofía.

En filosofía, hay dos formas principales de valorar algo. El valor instrumental se asigna a algo por lo que hace. El valor inherente denota que algo es valioso en sí mismo. Para ilustrar, una vez tuve un automóvil que realmente me encantaba. Me encantaba porque me llevó de forma rápida y segura de A a B. Amé ese automóvil durante años, hasta que se rompió la correa de distribución. Después de que el auto ya no me era útil, lo vendí por partes, ahorré mis centavos y compré un auto nuevo. No tuve remordimientos al despedirme de mi vehículo en partes. Una vez que el objeto dejó de tener utilidad, dejó de tener valor. Este es un ejemplo de valor instrumental.

Por el contrario, consideremos a un hombre con ALS (Esclerosis lateral amiotrófica) a quien cuidé hace dos años. Como su cuidadora, viajé con él y su esposa a medida que la enfermedad lentamente se apoderó de su cuerpo. Cuando tuvo que dejar el trabajo y ya no podía proporcionar ingresos, su esposa siguió amándolo. Incluso después de que su esposa ya no podía dormir en la misma cama, o cuando él se volvió incontinente, o cuando ya no podía hablar, ella continuó amándolo de todos modos. Este es un ejemplo de valor inherente. El término inherente suena un poco como heredar, y son de la misma raíz latina inheriditare, un término que denota recibir algo no ganado de una fuente externa. [11] Si bien el valor instrumental es condicional, el valor inherente nunca se puede cambiar o negar porque su valor depende de algo fuera de sí mismo. La pregunta que queda por responder es: si nosotros como raza humana nos valoramos inherentemente, ¿de quién (o qué) hemos heredado ese valor?

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos señala: «Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que su Creador les otorga ciertos derechos inalienables». El naturalismo no puede sentarse en una mesa a discutir la igualdad; se ha excluido a sí mismo de esa discusión. En un mundo donde la humanidad progresa rechazando a los débiles y seleccionando a los fuertes, la igualdad derivada del valor inherente simplemente no existe.

Podría decirse que nosotros, como sociedad global, operamos como si los seres humanos hubieran sido dotados de un valor inherente en algún nivel. Queremos que esa filosofía sea cierta. Pero, ¿qué tiene de atractivo el valor inherente, especialmente si significa que los sanos tienen que permanecer en el interior para proteger a los vulnerables?

Mientras escribo estas palabras, no puedo evitar reflexionar sobre la persona de Jesús que se debilitó para que podamos volvernos fuertes. 2 Corintios 8: 9 dice: «Porque conoces la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por tu bien se hizo pobre, para que tú por su pobreza pudieras hacerte rico». Hebreos 5 describe a un salvador que no se exaltó a sí mismo, sino que se humilló ante Dios, «y al hacerse perfecto, se convirtió en la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen». [12] Lo hizo en nuestro nombre; fue nuestra propia debilidad lo que lo agobió, y nuestras propias heridas lo que lo angustió. [13]

Ahora nos ayuda en nuestra propia debilidad, apoyándonos y nunca dándonos por derrotados. El profeta Isaías escribió sobre él: «Una caña magullada que no se romperá, y una mecha levemente ardiente que no se apagará». [14] Incluso en nuestro momento más débil, cuando sentimos que la vida en nosotros está a punto de salir, Jesús está soplando suavemente sobre la mecha dentro de nuestros corazones, trayendo de vuelta a la vida a esa llama vacilante.

Cuando nos cuidamos unos a otros, cobramos vida porque estamos emulando a Jesús, y él entra en este mundo para mostrarnos cómo debe ser un ser humano. Como explica Pedro, Jesús nos dejó un ejemplo, para que podamos seguir sus pasos. [15] Por lo tanto, cuando mostramos humildad y compasión como lo hizo, nos estamos volviendo más en aquello que debemos ser, es decir más humanos. No es de extrañar que las atrocidades a menudo se etiqueten como «inhumanas».

 


 

Cuando nos cuidamos unos a otros, cobramos vida porque estamos emulando a Jesús, y él entra en este mundo para mostrarnos cómo debe ser un ser humano.

 


 

Es ilógico decir que podemos aplicar la supervivencia del más apto a todas las poblaciones animales, equiparar a los humanos con los animales y luego abstenernos de aplicar la supervivencia del más apto a las poblaciones humanas. Es cierto que, taxonómicamente, los humanos residen en el reino animal, pero nuestros orígenes sobrepasan la carne y los huesos, y en nuestros corazones sabemos que esto es cierto.

En el naturalismo, los débiles perecen y los fuertes se fortalecen. En el cristianismo, los más fuertes se convirtieron en los más débiles para salvar a los que perecen. El naturalismo es la filosofía que convence a un pájaro para cortar sus propias alas. El cristianismo nos enseña el tipo de amor que nos eleva en las alas de un águila, para seguir al humilde salvador que, “aunque tenía la forma de Dios, no consideraba que la igualdad con Dios fuera algo a lo que se debía aferrar, sino que se vació a sí mismo, tomando la forma de un servidor». [16]

 

 

Xandra Carroll
Xandra Carroll
Xandra es una oradora adjunta de la RZIM con sede en Colorado. Su investigación incluye trabajos en parasitología, citometría de flujo y restauración ecológica.

 

 

 

Foto por Max Bender on Unsplash

 

[1] La organización The National Center for Science Education encontró en 2011 que, en una encuesta a 24 países, 41% se identificaron como ‘evolucionistas’. Para conocer más visite: ncse.ngo

[2] Diccionario de Oxford

[3] Barnhart, H., & Barnhart, H. (1986). Dictionary of Science / Hammond Barnhart. New Jersey: Hammond. Página 643

[4] Ibid 427

[5] Darwin explicó esto en su trabajo “El origen de las especies’ cuando escribió: “A esta preservación de las variaciones favorables y desfavorecimiento de las variantes negativas la llamo Selección Natural.”

[6] Genovart, Meritxell, Negre, Nieves, Tavecchia, Giacomo, Bistuer, Ana, Parpal, Luís, & Oro, Daniel. (19 de marzo de 2010). The Young, the Weak and the Sick: Evidence of Natural Selection by Predation. Public Library of Science.

[7] https://www.nbcnews.com/news/u…

[8] https://www.nytimes.com/2020/03/15/technology/matt-colvin-hand-sanitizer-donation.html

[9] https://www.pbs.org/newshour/e…

[10] Wang, D., Hu, B., Hu, C., Zhu, F., Liu, X., Zhang, J., Wang, B., … Peng, Z. (17 de marzo de 2020). Características clínicas de 138 pacientes hospitalizados con el Nuevo Coronavirus 2019 – Infectados de Neumonía en Wuhan, China. Jama, 323, 11, 1061.

[11] De donde tomamos también nuestro término ‘heredado

[12] Versículo 9

[13] Isaías 53 v4

[14] Isaías 42 v3

[15] 1 de Pedro 2 v21

[16] Filipenses 2 v6-7

 

Traducción voluntaria por Aldo Ventura